Una vegana en Florencia (1a Parte)


Eran las 12:20h cuando nuestro tren salió desde Milano Central hasta Florencia. Aprovechamos para descansar un buen rato, ya que los días que había estado en Milán me habían dejado totalmente destrozada.

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El tren de alta velocidad de Italia cuesta 50€ el trayecto y tarda algo más de 1:30h en llegar desde Milán hasta Florencia.

Llegamos sobre las 14:00 a la estación de Florencia y fuimos directos a nuestro hotel. Entramos en ese ascensor de aire antiguo (de esos de doble puerta, una de metal y otra de madera que siempre cierra mal) y subimos las 4 plantas que teníamos hasta el Hotel Soggiorno Isabella de Medicci, por unos 30€ la noche, a 2 minutos de la estación de Santa María Novella  y a unos 10 minutos andando del Duomo de Firenze. ¡Una maravilla!

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Habitación del hotel Soggiorno Isabella.

El interior estaba decorado tal y como esperaba, con telas de aire antiguo y cabeceros de madera, pero tenía un gran encanto. Dejamos la maletas, cogí mis cámaras y la llave y nos fuimos directamente a comer. Consultando la app Happy Cow, vimos que uno de los restaurantes más cercanos era Universo Vegano, así que pusimos camino hacia él.

Comer vegano en Florencia

A los 15 minutos de andar ya habíamos topado con la puerta, que se encontraba en uno de los laterales de una plaza de aire realmente alternativo. Entramos y comenzamos a consultar el menú. En el había demasiadas ofertas que no podíamos rechazar: pizzas, hamburguesas, kebabs, tartas,… todo vegano.

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El restaurante Universo Vegano, ubicado en la Piazza dei Ciompi de Florencia.

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Menú del restaurante “Universo Vegano”

Finalmente nos decantamos por probar las pizzas (¿por algo estamos en Italia no?) y de entre todas elegimos la de no-atún y la de estilo kebab. Eso para mi es bastante osado ya que no soy muy amiga de las imitaciones a productos de origen animal, porque si se parecen demasiado acaba siendo imposible que me lo coma. La cabeza me juega una mala pasada, qué le vamos a hacer.

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Por suerte he de decir que ambas pizzas estaban impresionantes. El queso vegano que llevaban estaba perfectamente fundido y era de lo más cremoso que he probado en quesos veganos. El no-atún parecía algún derivado de la soja texturizada y marinado en algún tipo de alga para dar sabor a mar, pero por suerte para mi el sabor era muy sutil y no extremadamente parecido al del atún animal, por lo que acabó siendo mi favorita. Después de terminar las pizzas, nos animamos a probar un par de postres: una tartaleta de chocolate y avellanas y un cheescake de chocolate.

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El Duomo de Florencia

Salimos de allí preparados para comernos Florencia, casi literalmente. Comenzamos a pasear sin ninguna dirección concreta, callejeando por esas vías estrechas de piedra, masificadas por tantos otros turistas como nosotros. La circulación era extremadamente caótica, o esa fue mi sensación. La gente cruzaba por las carreteras sin preocupación, las bicicletas iban en contradirección y había coches aparcados en cualquier lugar. Menudo caos.

Nos sumergimos en lo más céntrico del centro de todo Florencia, y topamos con una incontable cantidad de puestos de mercadillo que vendían todo tipo de productos a base de piel. Qué espanto… Toda esa crueldad era difícil de olvidar (y más con ese olor típico del cuero). Continuando y sin querer, nos dimos de bruces con el Duomo, una de las muchas maravillas arquitectónicas que se pueden ver en Milano.

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El Duomo de Florencia

Dando la vuelta al rededor del Duomo, escuchamos a un violinista que nos dejó sin palabras por varios minutos, interpretando con impresionante talento temas de artistas tan diferentes como Miley Cyrus, Michael Jackson y Adele.

Continuando con la ruta, llegamos al Plaza de la República, uno de esos lugares de visita obligatoria por la noche. Aparentemente es una plaza común, con decenas de restaurantes y tiendas carísimas a su al rededor, pero cuenta con una particularidad que la hace realmente impresionante: el tiovivo. Impresionante, con una iluminación y unos colores hipnóticos que se fusionan a la perfección con los caballos de plástico.

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Tiovivo de la plaza de la república, Florencia.

Seguimos caminando y dimos con la Piazza Santa María Novella (una plaza que se encuentra al lado de la estación) y que está repleta de restaurantes típicos italianos. Mirando los menús, nos aventuramos a intentar comer en un restaurante de pasta Italiana, ya que tenían opciones vegetarianas y veganizarlas no sería difícil. Nos sentamos y pedimos un par de platos de pasta picante, ya que nos dijeron que no contenían queso ni la pasta era a base de huevo. Yo me decanté por unos spaguetti al aglio, olio e peperoncino (pasta con ajo, aceite y gundilla)mientras que mi compañero pidió Penne a la Carrettiera, dos platos picantes (muy muy picantes) pero deliciosos. Si sois amantes del picante y los resistís bien, tenéis que probarlos obligatoriamente.

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Con esa digestión ligera, los labios hinchados del picante y demasiado calor encima (pese a los 6 grados) nos dirigimos al hotel para finalmente descansar y poder empezar con energía el día siguiente.

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