Una vegana en los bosques de Finlandia – 2a Parte


[primera parte: Una vegana en Helsinki (Finlandia) – 1a Parte]

Se acercaban las dos de la tarde y nos encontrábamos en la mitad del lago. Yo estaba emocionada. Era la primera vez en la vida que llegaba a una isla andando a través de un lago congelado. Tenía bastantes dudas del grosor de la capa de hielo, pero pensé que si soportaba toda aquella masa de gente disfrutando de sus perros, también soportaría el mío.

Llegamos a Seurasaari

Cuando entramos en la isla y pisé por fin tierra firme no pude evitar mirar hacia atrás. Qué sé yo, a mi esas cosas me emocionan tontamente. A la orilla de la isla el hielo estaba quebrado y se podía ver que el grosor de la placa era más largo que mi brazo, así que me quedé bastante satisfecha con mi mini-aventura sin riesgo.

Ya estábamos en Seurasaari. Como soy muy curiosa, ya había visto algunas fotos de la isla antes de visitarla, pero sin duda con sólo poner un pie en ella ya se habían superado mis expectativas. La capa de nieve era profunda, los árboles tenían varios metros en dirección al cielo y ya asomaban algunas casas de madera roja con los tejados completamente cargados de nieve. Se escuchaban pajaritos parlotear en lo alto de los árboles. Los más valientes bajaban a las casitas para pájaros con comida que los Finlandeses les habían colocado muy amablemente.

 

Rápidamente nos incorporamos a una ruta de camino definido que parecía rodear la isla. Apenas nos encontramos 3 o 4 grupos de personas en todo el trayecto y eso fue muy agradable. Los caminos eran de tierra y estaban tímidamente escondidos por la nieve. A ambos costados nos rodeaban las cabañas y los árboles milenarios dónde se ocultaban los pequeños residentes.  Pudimos disfrutar de la falta de silencio que reinaba en la isla: los pájaros y las ardillas hacían de las suyas a varios metros de altura. Menos los cuervos. Los cuervos bajaban a dar “saltitos” sobre la nieve en busca de algo de comida. Fue maravilloso verse rodeada de aquellas inmensas casas de madera observando cómo los animales se desenvolvían con total soltura y confianza en su hábitat. Sin jaulas, sin coches, sólo árboles y cabañas inmensas. Y cuando digo “inmensas” es inmensas.

El paisaje se repitió a lo largo de todo el terreno de Seurasaari, aunque como es visualmente espectacular jamás me hubiese cansado de recorrer sus sendas.

Panorámica - Isla Seurasaari, Helsinki (Finlandia)

Panorámica – Isla Seurasaari, Helsinki (Finlandia)

Después de 20 o 30 minutos de caminar en casi total silencio me acordé de uno de mis propósitos durante la visita a la isla. Tenía entre ceja y ceja que quería poder interactuar con los pájaros de la zona, pero siendo ellos que se acercaran. No quería que sintieran miedo, todo lo contrario. Por ello, esa misma mañana en Suomenlinna habíamos comprado semillas y frutos secos sin sal. Las saqué del bolso y me puse un puñadito en la mano, mientras íbamos en  busca de alguna zona a baja altura que estuviese frecuentada por estos simpáticos pajaritos. Poco después, en unos arbustos, ví que había un grupito reducido de pájaros verdes buscando algo de comer, así que pensé que ofrecerle mis semillas le apañaría el día. Nos acercamos lentamente y me agaché para poder estar a su altura. Extendí mi brazo y preparé la cámara para poder captar ese maravilloso momento.

Después de algunos minutos y dos intentos, unas patitas pequeñas y frías se posaron muy suavemente en mis dedos durante unos segundos, con la idea de seleccionar el fruto seco más grande y apetitoso para llevárselo. Efectivamente, los tres pajaritos que se atrevieron a acercarse se llevaron el anacardo más gordo de la selección. Me dio tanta ternura y emoción que confiaran en mí que no pude contener mi felicidad. Me estaba convirtiendo lenta pero inexorablemente en una niña pequeña con un saco de caramelos (otra vez), pero si algo no quería era molestarlos, así que les eché unas semillitas por la zona y me largué para que comieran tranquilos.

Ya feliz y muy satisfecha con mi pequeño encuentro animal, terminamos de rodear la isla y salimos de ella esta vez por tierra firme. Cruzamos el lago a través del puente y, justo después, vimos una parada de autobús con uno a punto de salir. El cansancio era muy evidente, llevábamos casi siete horas caminando y el cuerpo nos pedía urgentemente un parón. Teníamos ganas de ir a visitar el bosque Keskuspuisto, pero decidimos coger el autobús hacia el centro de Helsinki para ir al hotel, descargar algunas compras que hicimos en el mercado y retomar fuerzas con una hora de descanso.

De la nieve de Helsinki a la piscina.

El autobús nos dejó rápidamente en el centro de Helsinki, por lo que tuvimos que caminar hasta el hotel. En mi cabeza rondaba la necesidad de cama, así que nada más llegar fue lo primero que hice. Botas fuera. Chaquetas en la silla y pantalones térmicos al suelo. Un pequeño descanso en la cama con un zumo de frutas y un yogur de soja sabor coco, de esos que teníamos reservados de la compra de la noche anterior en el K Supermarket.

Esa hora de cama pasó como 5 minutos. Me entretuve mirando algunas fotos que había hecho mientras me recreaba en mi propio asombro. No me considero una persona fácil de impresionar, pero es que Suomenlinna y Seurasaari son dos lugares sacados de una película de ficción. Ir a Helsinki y no visitar esas dos islas está prohibido.

Ese ratito de cama me relajó tanto que salir de noche (anochece sobre las 5 de la tarde) hacia el bosque no me parecía tan buena idea. El cansancio nos empujó a pensar que ver el bosque con los rayos de sol de la mañana siguiente sería un mejor paisaje, por lo que merecía la pena acostarse temprano y madrugar mucho.

Aún no era muy tarde, serían sobre las 7, cuando nos pusimos los bañadores. Sí, los bañadores en Helsinki a -10 grados, pero es que el Hotel Clarion Helsinki tenía una piscina climatizada en la planta alta y al descubierto. Estoy segura de que lo hice bien feliz porque no sabía el frío que allí hacía, pero claro… Veía a esos Finlandeses tan agusto con la temperatura, que pensé “pues no será para tanto”.

Piscina a 78 metros de altura, Clarion Hotel Helsinki

Piscina a 78 metros de altura, Clarion Hotel Helsinki

Cuando me saqué el albornoz para meterme en la piscina casi me da algo del shock de temperatura. Me metí corriendo en el agua, que estaba cubierta por una capa de vapor muy reconfortante. Qué bien, qué calentita está. Bueno, ya no tanto. Joder, pero qué frío hace aquí ¿no?. Lo cierto es que me pasé los 10 minutos de piscina temblando como un vibrador encendido. Hacedme caso: a 78 metros de altura y sin techo, por muy climatizada que esté la piscina nunca hará suficiente calor. Eso sí, las vistas debían ser alucinantes. Y digo debían porque al ser tan pequeña no llegaba a ver con dignidad a través de las paredes de cristal que nos rodeaban.

Puedo decir que fue un momento divertido. Tenía tanto frío que no podía parar de reír. Eso sí, debajo del agua, dejando solo la nariz fuera para respirar y prevenir morir de frío. Sé que lo recordaré por años.

El amargo restaurante vegetariano de Helsinki

Me di una ducha para quitarme el cloro del cabello y terminar mi momento de relax. Habíamos estado mirando algún restaurante vegano/vegetariano cerca del centro de Helsinki que sirviese cena a esas horas. Recordad que en Helsinki la hora de comida es muy temprana, y a partir de las 19:00h es muy dificil encontrar un restaurante abierto.

Me sequé el cabello y me volví a vestir con todo el ropaje térmico que me convertía en una cebollita de metro y medio. Salimos hacia el restaurante vegetariano Just Vege cogiendo el tranvía número 8 Arabia, pagando unos 5€ por los dos. Unas pocas paradas ya estábamos a dos calles del restaurante. Cruzamos, esquivamos, subimos, giramos a la derecha y entramos. Era un local pequeño pero bastante divertido. Tenía mesas pequeñas de madera con sillas de colores y una barra con taburetes que te permitía comer mirando hacia afuera.

Just vege Helsinki

Just vege Helsinki

Al fondo la barra, detrás la cocina y encima dos pizarrones que mostraban el menú. Nos dirigimos a la barra para preguntarle al camarero la posibilidad de pedir vegano y no vegetariano, y nos dijo que sin problema. El pizarrón nos ofrecía Seitán, Ensaladas, Hamburguesas, Hummus… Más o menos lo típico de los restaurantes vegetarianos. Al final nos decantamos por el menú Burguer vegetal+ patatas + ensalada por 12,50€.

Dimos media vuelta y nos sentamos en la barra de atrás. Unos minutos después ya teníamos una aparentemente deliciosa hamburguesa vegetariana con patatas fritas y ensalada. Mi compañero y yo fuimos directos a por las patatas. Cogimos una, la mojamos en la salsa y…¡Oh! Error. Apareció el camarero corriendo para retirarnos la salsa, que no era apta para veganos, decía. Bueno, no pasa nada, un error lo tiene cualquiera, aunque en mi cabeza solo rondaba “pues menos mal que no somos alérgicos a los lácteos”.

Hamburguesa del restaurante vegetariano Just Vege, Helsinki.

Yo, que soy una adicta reconocida a las patatas fritas de corte grueso, empecé devorándolas junto con la ensalada y me olvidé de todo aquello.  Fui a por a hamburguesa y…¡Oh! Bueno, está más seca que un periódico, pero bueno, no está mal. La capa mortal de hummus que llevaba y camuflaba todo atisbo de sabor tampoco ayudó. Pero vale. Según iba comiendo me iba sentando cada vez peor y peor, así que no pude terminarla. Me sentía hinchadisimaLa solté en el plato y entonces la hamburguesa se abrió por la mitad…¡Oh! Vaya. Llevaba una salsa idéntica a la que justo antes nos había retirado por contener lácteos. Entre lo mal que me encontraba del estómago y la rabia que tenía, me fui de allí ipso facto, cosa de la que me arrepentí después. Tenía que haberle dicho algo, lógicamente.

Un tranvía después, estaba en la habitación del hotel con la barriga de una embarazada y algunas nauseas que me amargaron el rato. Me lavé los dientes como si no hubiera mañana, me tumbé en la cama y a partir de ahí no recuerdo nada.

El autobús hasta Keskuspuisto

Era nuestra última mañana en Helsinki y había que darse prisa en el desayuno. Recogimos todas nuestras cosas de la habitación y las volvimos a empacar. Cargamos nuestras mochilas y bajamos a desayunar al bufé del hotel. La verdad es que siento que llamábamos bastante la atención, todo eran personas bien arregladas, con sus chaquetas caras y sus bolsos miniatura, mientras nosotros íbamos con nuestras botas de montaña y nuestras mochilas de aventura. Tenía que verse cómico desde fuera.

Cuando llegamos al desayuno ya estaba amaneciendo en Helsinki. Dejamos nuestras mochilas en el suelo y cogimos algo de desayuno: un poco de fruta, un zumo de brick más rancio que nada y algunos panecillos, unas patatas horneadas y vegetales frescos. Vaya popurrí de desayuno, pensaréis. Pues sí, pero no había ninguna opción más.

Desayuno en Helsinki, Hotel Clarion

Desayuno en Helsinki, Hotel Clarion

Panecillos, naranja, patatas, tomates y hojas de ensalada fresca.

Desayuno en Helsinki, Hotel Clarion

Con el estómago lleno y caliente, hicimos el check-out en el hotel, cargamos las mochilas a la espalda y nos dirigimos a la estación central de Autobuses, que estaba justo enfrente de la estación de trenes. Desde allí saldría nuestro autobús hasta Keskuspuisto. El camino fue bastante bonito, la verdad. Me ayudó a digerir el desayuno y a despertarme con el frío, que había sido bastante benévolo y nos arañaba la cara a -5º. Nos dio tiempo a perdernos un poco y a ver los últimos rincones de la ciudad antes de despedirnos de ella. Era un Domingo muy temprano  y apenas había gente por la calle. Ese silencio generalizado nos acompañaba por todas y cada una de las calles que recorrimos, incluso aquella en la que nos encontramos dos cuervos comiendo una pizza en el suelo.

Ya estábamos cerca de la estación cuando vimos dos tiendas de campaña grandes con carteles escritos en inglés. Los carteles presumían un mensaje profundamente racista contra los refugiados, cosa que me espantó. Pensé que en aquel país que es Finlandia había otro pensamiento. Pero que perdida y equivocada estaba. Poco después estuve leyendo y resulta que hay una buena agrupación de neonazis Finlandeses llamados los Soldados de Odín, una “patrulla” de neonazis que arremeten contra aquellos que huyen de su país para salvar su vida. Unos pocos metros más tarde había otro campamento más grande y mejor montado. Tenía pinta de llevar ahí varias semanas. Esta vez, sin embargo, el campamento alzaba mensajes pro-refugiados. “Claro, entiendo que los mensajes neonazis eran una respuesta a estos”. Qué tristeza.

 

Centro de Helsinki

Centro de Helsinki

Estación de Autobuses Helsinki, dirección Keskuspuisto

Estación de Autobuses Helsinki, dirección Keskuspuisto

Llegamos a la estación de autobuses. Para ese momento ya se había llenado el centro de gente. Como se acercaba muy lentamente la hora de coger nuestro autobús, aún pudimos dar una última vuelta por dentro de la estación. Pero por fin llegó la hora. El autobús 411 Myyrmäki estaba entrando en el andén número 25, dónde estábamos esperando con nuestras mochilas en el suelo. Pagamos unos 5€ para llegar hasta la parada de Autobús que te deja en la parte sud de Keskuspuisto. Apenas 15 minutos después, allí estábamos. Cruzamos un par de carreteras y  nos metimos de lleno en el bosque. Mi sensación no pudo ser otra que la de máxima sorpresa.

Los árboles eran infinitos, había pequeños ríos congelados.  A la izquierda un pequeño cementerio con un montón de farolillos apagados. Dios, qué escalofrío. Me acerqué a leer y me di cuenta de que los espacios eran muy pequeños y las fechas que marcaban las placas estaban muy pegadas entre sí: “TUMU 03.05.2007 – 03.03.1014”. No quise saber más, pero estoy segura de que era un cementerio de animales. Me sentí demasiado triste por ello, así que nos fuimos.

Caminos en Keskuspuisto, Helsinki - Finlandia

Caminos en Keskuspuisto, Helsinki – Finlandia

El sol seguía subiendo y nosotros continuamos la ruta por los caminos marcados durante unos 10 minutos. Árboles a ambos lados, caminos de tierra con capas y capas de nieve y algo de hielo. Resbalón por aquí y por allá. Farolas apagadas con carteles de “Perro perdido”. Al final, pensamos que la verdadera aventura estaría en meterse en el bosque de verdad. Keskuspuisto no es un bosque tan grande como para perderse durante días, en realidad con andar un poco puedes ubicarte perfectamente. Salimos hacia la izquierda por un camino y no metimos en medio de la nada. Todo lo que nos rodeaba era árboles plagados de nieve y pequeñas cascaditas de ríos minúsculos que jamás llegaron a caer, pues estaban bien congelados. La capa de nieve bajo nuestros pies era profunda, y se podían encontrar huellitas de perros que habían estado jugando allí. Estuvimos recorriendo los rincones a los que nuestro instinto viajero nos llevaba, y es que si visitáis Keskuspuisto tenéis que sumergiros en la naturaleza que lo construye, más allá de los caminos predefinidos. 

Keskuspuisto - Helsinki, Finlandia
Keskuspuisto - Helsinki, Finlandia

Keskuspuisto – Helsinki, Finlandia

 

Lo mejor que podéis hacer es explorar cada escondrijo de Keskuspuisto. Hay ramas caídas que cruzan ríos, hay piñas atrapadas en agua congelada, hay árboles tan poblados que las ramas llegan hasta el suelo, y hay infinitos colores verdes, azules y blancos con distintos matices. Os recomiendo que reservéis unas 3 horas para poder admirar cada rincón y respirar profundo en cada uno de ellos, porque la belleza de Keskuspuisto es inacabable.

Terminamos nuestro recorrido por la parte sur del bosque y decidimos ir a la parte central, y de ahí a la norte, pero antes nos sentamos en un banco a comer algo para coger fuerzas. Teníamos  pan, queso vegano y algunas galletas. La verdad es que nos dió la vida.

Continuamos nuestro camino campo a través hacia el norte. Caminar sobre nieve, esquivando palos y demás es bastante cansado, pero merece la pena. Llegamos a la parte central dónde encontramos algo que parecía una cafetería o un restaurante. En frente, había unos niños y lo que parecía un monitor de esquí. Esa parte del bosque estaba tan nevada que habían reservado caminos exclusivamente para esquiar por ellas. Qué gracia.

Sin demorarnos demasiado, exploramos la zona y continuamos nuestro camino hacia el norte. Durante ese trayecto, vimos como poco a poco Keskuspuisto se iba convirtiendo cada vez más en algo salvaje, y eso me encantó. Los rayos de luz atravesaban la capa de árboles que nos escondía de ellos y lo convertían en un escenario casi mágico. Recordé entonces cuando la noche anterior pensamos que era mejor reservar Keskuspuisto para cuando hubiese luz, y me alegré de aquella buena decisión. Los dos días anteriores estuvo muy nublado y ya comenzaba a pensar que en Finlandia jamás veían el sol. Ese chorrito de luz en la cara me descongeló la nariz.

Bosques Finlandia – Keskuspuisto

Keskuspuisto, Finlandia

Keskuspuisto, Finlandia

Llegamos a la parte norte con la intención de ver el lago, pero aquel lago estaba escondido bajo una enorme capa de hielo y nieve. Me di cuenta que aquella parte estaba repleta de gente. Había parques y zonas de esquí sobre hielo que la gente no dudó en aprovechar. También algún que otro corredor.

Fueron por lo menos 3 horas lo que tardamos en recorrer todo el bosque. Con las mochilas a cuestas, tocaba ir hacia el aeropuerto. A las 6 de la tarde salía nuestro vuelo a Frankfurt y de ahí a Barcelona. Aún teníamos que coger el autobús hacia allá. Nos dirigimos a la parte del bosque más cercana a la carretera y buscamos la primera parada de autobús. Media hora después, nos subimos a él y terminamos nuestro viaje en silencio, adormecidos con el traqueteo del vehículo.

Jenny
Una vegana por el mundo

Diseñadora trabajando en Barcelona y chef frustrada en mi casa. Enamorada de mis perros. Viajar es la segunda cosa que más me gusta de esta vida.

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