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Guías de Viaje

Sobre mi

Amaneció el 4º día en Estambul como si el día anterior no hubiese nevado. Las temperaturas rondaban los 14 grados y había salido el sol, como haciendo mejor nuestro plan de visitar Balat. El fin del viaje comenzaba a estar próximo, puesto que este era nuestro último día entero en la maravillosa ciudad.

El día anterior nos había dejado bastante cansados, después de recorrer algunas de las zonas más turísticas e imprescindibles de Estambul – te recomiendo leer el post el día 1 y 2 en Estambul en el que visitamos Hagia Sofía, Topkapi y la Basilica Cisterna y el post del día 3 en el que Recorremos Gálata, llegamos a la mezquita de Ortaköy y pisamos Asia-.

Te vuelvo a dejar el mapa de los puntos más turísticos y que hay que ver obligatoriamente en Estambul:

Llegamos a Balat: el barrio ‘hipster’ de Estambul

Salimos del apartamento con el calor reconfortante del sol sobre nuestra piel. Nos subimos al tranvía que sale desde la parte de atrás de la plaza de Sultanahmet para bajarnos en Eminönu, el barrio que termina en el puente de Gálata. De allí, cogeríamos el autobús que nos ahorra 4km de trayecto caminando hasta Balat.

Todos los tickets de transporte público los seguíamos pagando con la tarjeta de transporte con 20 tickets que viene incluído en el ‘Welcome card Istanbul’ versión Deluxe de Musement. Como os dije en los otros dos post, sin duda esta tarjeta es imprescindible para ahorrarte mucho tiempo durante tu viaje por Estambul.

Cuando bajamos del tranvía, hicimos el enlace con el autobús. Para ello, hay que pasar por la orilla del bósforo y sus varios restaurantes. Me tuve que detener ante algo que me llamó mucho la atención: había una persona con una red “controlando” la basura que salía hacia el Bósforo. Una mezcla de basura plástica enredada en bancos de medusas y preservativos.

Tranvía desde Sultanahmet, en Estambul. Guía de viajes.
Orilla del bósforo, Estambul. Guía de viajes.

Nos dirigimos hacia la estación de autobuses y vimos el autobús 36CE, que nos dejaba a 5 minutos de Balat. Así que nos subimos apresurados y los sentamos cerca del ventanal izquierdo. 15 minutos después, bajamos en la estación de buses ‘Fener’ y nos adentramos en la calle Vodina, que guarda algunos de los locales con más encanto: bares y restaurantes pintados de colores vibrantes, amarillos, rojos, naranjas, azules y verdes sobresaturados.

Ondeaban con poca energía algunas banderas de Estambul colgadas entre edifcios y algún toldo de los locales del barrio. El ambiente era muy tranquilo, las terrazas estaban prácticamente vacías. Se veían pasear algunos locales con carros de la compra y algún que otro turista.

Calle Vodina, barrio Balat. Estambul. Guía de viajes.

Aún no nos había dado tiempo a desayunar, así que como teníamos tiempo de sobra para pasear por aquel barrio y conocer sus rincones con más encanto. Eran las 12 de la mañana y decidimos buscar alguna cafetería en la que pudiéramos encontrar, con suerte, un café con leche de soja. Cuando topamos con Cumbali Café, entramos a probar suerte.

La cafetería hacía esquina en la calle Vodina y llamaba la atención por el azul turquesa que contrastaba con el tono rojizo del ladrillo. Nos prepararon un café con soja para llevar (bastante caro, por cierto, pero no hubo otro local en el que lo encontrase) y seguimos caminando por Vodina, deteniéndonos con cada perro que se acercaba a nosotros a curiosear.

Café Cumbali, opciones veganas en Balat, Estambul.

Cuando acabamos de recorrer aquella pintoresca calle, me acordé de que en un principio habíamos descartado ir a Balat por el poco tiempo que teníamos y lo lejos que estaba del centro. Mientras paseaba por sus calles me alegré profundamente de que hubiéramos decidido ir. Sin duda, Balat es una visita obligatoria en tu viaje por Estambul.

Balat es un barrio de contrastes que resume perfectamente aquello que hace mágico a Estambul. Tanto es así, que en unas pocas calles coexisten una Sinagoga, una Iglesia y una Mezquita. Un buen ejemplo de cómo Estambul es una ciudad que acoge varias religiones de forma natural. Balat es ahora el resultado de la multiculturalidad, de un antiguo barrio judío que ahora se considera un ‘barrio hipster’ y altamente turístico.

Callejeamos por sus empinadísimas calles interiores, pasando por algunas enormes casas afincadas sobre las cuestas, como desafiando la gravedad.

Barrio Balat, Estambul. Guía de viajes.
Barrio Balat, Estambul. Guía de viajes.

Las escaleras de colores de Balat

Poco después, dimos con el rincón más famoso de Balat, las escaleras de colores. Esas escaleras, en realidad, no llevan a ningún lugar turístico. El interés de las escaleras son ellas mismas, ya que solo conducen a un bar y a unas cuantas calles interiores y fincas privadas ¡No puedes decir que has estado en Balat si no te has fotografiado en esas escaleras!

Justo al lado de esas escaleras encontramos un bar con decenas de paraguas colados, también bastante pintoresco. Las escaleras están un poquito escondidas, pero podréis encontrarlas buscando la calle Sankaktar yokusu, o la cafetería ‘Incir agaci Kahvesi’.

Escaleras de colores, Balat. Guía de viajes en Estambul.
Escaleras de colores, Balat. Guía de viajes en Estambul.

Ya os aviso de que esas escaleras en verano suelen estar muy masificadas. De hecho, nosotros fuimos en un Viernes de Febrero a las 12 de la mañana y había 2 o 3 parejas haciéndose fotografías.

Balat es un barrio para pasear con calma y disfrutar de algún té al sol. En cuanto a los restaurantes vegetariano y veganos de la zona… Más bien poco. Cuando abrimos happy cow, lo único que pudimos ver fue una cafetería / restaurante llamado Naftalin K, ubicado casi al final del barrio. Es un local acogedor, decorado de una manera extremadamente original que tiene unas coloridas mesitas en su terraza. Sin duda, comer fuera en un buen día sería de lo más agradable.

Un restaurante vegetariano en Balat, Estambul

Para cuando nosotros llegamos a su puerta, el cielo estaba empezando a encapotar y hacía algo de frío, por lo que decidimos entrar. El restaurante es vegetariano y, bajo demanda, pueden ofrecerte algún plato vegano. Es fácil pedírselo porque al ser vegetarianos conocen el concepto ‘vegano’.

Restaurante vegetariano en Balat. Guía de viajes por Estambul.
Menú restaurante vegetariano Café Naftalin K. Guía de viajes Estambul.

Nos sentamos en las sillas de madera de la última mesa, ubicada a la derecha del local, pegados a un ventanal. El mantel bordado de diferentes colores atrajo mi atención. Contrastaba con mucha gracia frente a esa pared verde oscuro, cuadros de diferentes personalidades, espejos pequeños y que parecían sacados de mercados antiguos, mosaicos de baldosines y una decoración perfectamente sobrecargada. Tenía la originalidad de un restaurante cuya entrada al baño es una antigua puerta de una nevera. Al fondo, unos gatos durmiendo sobre diferentes mesas. Los turistas se acercaban con gracia a acariciarlos. Ellos estaban encantados.

Nos quitamos las chaquetas, y el camarero nos preguntó si eramos griegos o italianos -algo que me despertó curiosidad- y nos trajo el menú, que venía en una especie de carta, como si nos estuviesen entregando una postal. Las opciones veganas no venían indicadas, pero nos atendieron y respondieron las dudas con amabilidad.

Gatos del café Naftalin K, Balat. Guía de viajes Estambul.
Gatos del café Naftalin K, Balat. Guía de viajes Estambul.

Pedimos unas “albóndigas vegetarianas” por 22TL (3,30€) que en realidad se parecían más a unos ñoquis en salsa de tomate. Muy rico y económico, sinceramente, aunque era más el encanto del lugar que la comida como tal. Si os pilla por Balat o cerca, es una muy buena opción porque es bueno, bonito y barato, pero tampoco os recomendaría que fuerais hasta allí expresamente para el restaurante si os queda muy lejos.

Restaurante vegetariano Naftalin K. Balat, Guía de viajes por Estambul.
Restaurante vegetariano Naftalin K. Balat, Guía de viajes por Estambul.

De Balat a la mezquita de Suleimán

Ya que habíamos ido en autobús, cuando acabamos de comer decidimos deshacer camino andando hasta la mezquita de Suleimán, paseando por el interior de los barrios que conectan un lugar con otro. Una experiencia enriquecedora que nunca cuentan en las guías de viaje. Paseamos por aquellas calles como si no fuéramos turistas. Nos confundimos con los residentes que hacían su vida como un viernes cualquiera, y fue un paseo que sin duda nos sumergió en la vida de Estambul.

Mezquita de Suleimán, guía de viajes por Estambul.
Mezquita de Suleimán, guía de viajes por Estambul.

Unos 40 minutos después, llegamos a las puertas de la mezquita. La entrada nos llevó a recorrer un pequeño mausoleo donde están enterrados Suleimán I y su familia -en el que nos encontramos a varios turistas posando y haciéndose fotos- que nos dejó en un impactante mirador que ofrece una panorámica inigualable de la hermosa ciudad de Estambul.

El cielo se cerró, la luz cayó suavemente cuando una enorme cantidad de nubes entorpeció que los rayos filtraran a través. Las nubes se veían imponentes, esponjosas, e hicieron parecer a Estambul mucho más pequeña de lo que en realidad es. Pudimos observar la parte Asiática, la torre de Gálata, el Bósforo y el cuerno de oro. Le dedicamos varios minutos a ese lugar, pese a que el viento comenzase a ser cada vez más fuerte.

Vistas desde el mirador de la mezquita de Suleimán, Estambul Guía de viajes.
Mezquita de Suleimán, guía de viajes Estambul.

Cuando entramos a la mezquita no logré entender por qué de esta mezquita se habla tan poco en los vídeos y guías de viaje que leí. Cierto es que en gran parte, su belleza se basaba en el hecho de tenerla el patio interior casi para nosotros solos. Es algo razonable dado el frío que hacía y que era un día bajo en turismo. Hasta el año pasado, esta Mezquita era la más grande de Estambul.

El pato interior estaba en silencio, y de vez en cuando, resonaba el eco de las gaviotas que sobrevolaban por encima de los 4 minaretes. Sus columnatas de mármol parecían infinitas. La cúpula se veía desde el centro del patio, como protegida por otras cúpulas más modestas.

Cuando entramos, nos descalzamos y dejamos los zapatos en las zonas habilitadas para ello. Recorrimos la infinita moqueta roja y nos dejamos asombrar por el tamaño de su cúpula. Artesanía de madera, caligrafía otomana, la luz filtrada por los pequeños ventanales de la cúpula. Los detalles en rojo y dorado. La iluminación que reflejaba el mármol. Un ambiente que te quitará la respiración, especialmente cuando percibes que sus enormes lámparas, que están casi a ras de suelo, cuelgan desde lo más algo de la cúpula a través de largos y robustos cables.

Mezquita de Suleimán, Estambul. Guía de viajes.
Mezquita de Suleimán, Estambul. Guía de viajes.

Salimos de la mezquita con la lluvia sobre nosotros. El temporal nos había dado una tregua muy breve. Estábamos cansados y a las 18:00h teníamos una cita con el crucero por el Bósforo.

Caminamos hasta el apartamento y descansamos la hora que teníamos entre una actividad y otra.

Un crucero por el Bósforo y sus delfines: una experiencia única

Me guardé los sobres de nuestros dos ‘Welcome card Istanbul’ -dentro del pack vienen también una entrada para el curcero por el bósoforo- y salimos corriendo del apartamento a falta de 30 minutos de que partiese nuestro ferry. Después de un tranvía y una carrerita -mapa en mano- hasta el puerto de salida de los cruceros por el Bósforo, llegamos. El punto de salida está al lado del puente Gálata. El mapa que incluye el ‘Welcome card Istanbul’

Embarcamos en el ferry y nos hicimos los valientes, subiendo a la segunda planta, que es una zona parcialmente cubierta y techada. Aquellas escaleras metálicas estaban húmedas por la lluvia, que cada vez era más amenazante. Nos sentamos en los bancos exteriores y nos regodeamos en la suerte que suponía estar solos allí. Pude intuir como estos ferrys estarían abarrotados en verano.

El ferry arrancó y comenzó a dejar atrás la hermosa ciudad de Estambul, desde la que se veía una imponente mezquita en el aún cercano horizonte.La bandera que el ferry llevaba ondeada a todo dar, y contrastaba con los tonos azules que tenía todo el paisaje. El Bósforo rugía mientras el barco se abría paso, y algunas gaviotas parecían seguirnos.

Crucero por el bósforo. Estambul.
Crucero por el bósforo. Estambul.

Algún que otro valiente subió a la cubierta con nosotros, hacían un par de fotos y volvían al interior. Para no variar, tampoco pudimos ver el atardecer, puesto que estaba totalmente nublado. Lo que sí pudimos disfrutar fue un increíble anochecer. El cielo se iba apagando poco a poco mientras la ciudad encendía.

El tour duró una hora y pasamos por lugares inolvidables. Uno de las estampas más bellas de Estambul es sin duda la vista de la mezquita de Ortaköy y su puente de noche. La elegancia y lo clásico de la mezquita en contraste con unas luces modernas y vibrantes sobre el puente.

Poco después de pasarlo, según nos acercábamos al mar negro, pudimos ver como algunos delfines nadaban en grupo. Se ve, que cuando las temperaturas bajan, los delfines migran hacia aguas más calientes y por eso no es tan difícil verlos nadar por esa zona. La verdad es que solo dejaron ver un poquito la aleta ¡pero fue genial!

Cuando quedaban menos de 20 minutos para desembarcar, bajamos al interior y el camarero a bordo no dejó de insistir en traernos tés y chocolatinas. Esto lo hacen básicamente porque el precio de los productos dentro del barco es un disparate, así que pensad dos veces antes de pedirlo.

Crucero por el Bósforo, Estambul.
Crucero por el bósforo, Estambul.

Eran las 19h cuando acabamos el crucero, que nos dejó en el mismo sitio que nos había recogido. Cruzamos el puente Gálata, entre viento y pescadores sacando a sus víctimas del agua.

Falafel Koy: el mejor falafel vegano de Estambul

A 10 minutos andando del puente Gálata hay un local de Falafel que se anuncia como vegano en Happy Cow. Está al lado de Community Kitchen, el restaurante que visitamos el día anterior y que tiene el mejor kebab vegano de Estambul.

Después de pasear por Gálata por última vez, llegamos y nos encontramos un local pequeño, de barrio. Miramos el menú y pedimos un falafel en plato con hummus y un falafel en burrito. Ambos muy baratos, cada menú cuesta 20TL (3€). Todo lo que tienen en el menú es vegano menos un yogurt llamado ‘Ayran’, típico de Estambul. Lo pregunté por la curiosidad de probarlo en caso de que fuera apto, pero me dijeron que era lácteo. Por lo tanto, el local no es vegano por esa excepción. Ojo con esto.

Falafel Koy, opciones veganas en Estambul.
Falafel Koy, opciones veganas en Estambul.

Realmente es un restaurante que sí os recomiendo probar, porque además está en el centro de Galata, un barrio con muchos motivos por los que ir una y otra vez. Además, no te puedes ir de Estambul sin probar un falafel local…¡Y este estaba buenísimo! Además de ser muy barato y muy saciante. Nos lo trajeron servido en un enorme burrito y en plato, acompañado con hummus y algunos crudités.

El rebozado del falafel era firme, crujiente. El hummus muy cremoso y suave. Sin duda, este restaurante lo hubiese repetido una y otra vez. ¡Comer tanto por 3€!

Falafel Koy, opciones veganas en Estambul. Guía de viajes.
Falafel Koy, opciones veganas en Estambul. Guía de viajes.

Cenamos, pagamos y salimos de nuevo a coger el tranvía hasta el apartamento. Era nuestra última noche en la ciudad.

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Barcelonesa viviendo, por ahora, en Valencia. Autora del libro 'Vive Vegano'. Aprendiendo a cocinar y trabajando cada día para difundir el veganismo. Muy enamorada de mis perros, por eso viajar es la segunda cosa que más me gusta de esta vida.

hola@recetasveganas.net

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