Una vegana en Helsinki (Finlandia) – 1a parte


Antes de empezar a contaros el increíble viaje que hice a Helsinki (Finlandia) quiero tomarme unos minutos para deciros las cosas imprescindibles que tenéis que saber si vais a viajar a Finlandia en invierno, además de seguir los 7 consejos genéricos para viajar siendo vegano que os dí el otro día.

Viajar a Finlandia en Invierno: Consejos

Finlandia es un lugar gélido. Hay que tener en cuenta que una parte de ella se encuentra dentro del Círculo Polar Ártico. Por suerte, la parte norte y la parte sur tienen medias de temperaturas muy distintas. La parte norte puede llegar a alcanzar temperaturas por debajo de los -30º, mientras que según vi, Helsinki en invierno ronda los -10º, que no es poco. Por ello, hay que prepararse muy bien y no tomarte a broma el tema de las temperaturas, porque puede arruinarte el viaje.

Si viajas a Finlandia tienes que estar preparado para caminar mucho, porque es la mejor manera de conocer los rincones mágicos que esconde. Yo siempre recomiendo que para caminar en lugares de tanto frío no llevemos demasiadas capas de ropa porque nos molestarán. Es mejor que llevemos capas de ropa muy eficientes pensadas especialmente para las temperaturas a las que te vas a exponer, aunque tengas que invertir un poquito de dinero en ello. Merece la pena, créeme.

Es imprescindible llevar botas impermeables y cálidas (yo usé unas botas pensadas para -15º) porque es muy probable que pises muchísima nieve, y como el agua penetre la bota olvídate de continuar tu viaje. También es importante llevar unas mallas térmicas interiores y ajustadas, debajo de unos pantalones impermeables y térmicos. Tendemos a cubrir solamente el torso, pero es importante sentir las piernas calientes para poder caminar sin problemas.

En cuanto al torso yo usé una camiseta de manga larga interior fina, una camiseta térmica de cuello alto, un jersey de falsa lana fino pero contundente y un chaquetón de nieve con gorro, al que además le sumé otro gorro. Es importante tener la cabeza, el cuello y los pies calientes. Si no usas térmicas de cuello vuelto, súmale una bufanda.

 

Mi viaje a la capital de Finlandia: Helsinki

Eran más o menos las 10 de la mañana cuando me desperté en el avión de camino a Frankfurt. Volamos en Lufthansa y teníamos que hacer escala en Alemania para llegar a Helsinki. Dos horas más tarde ya estábamos en Alemania esperando nuestro siguiente vuelo. Con más de 6 horas despiertos, ya empezábamos a notar el hambre y no se hizo esperar la suerte cuando nada más salir del avión encontramos un puestecito de comida con un cartel que que ponía “Vegan”. Era un Panini de Falafel caliente a desorbitado precio de aeropuerto, por algo más de 4€. Compramos uno de esos paninis, unas barritas energéticas crudiveganas y un zumo (20€ con la tontería) y nos dirigimos a la puerta de embarque.

Falafel Vegano en el Aeropuerto de Frankfurt

Viajar a Finlandia siendo vegano

Fue a las 18:00h (hora Helsinki) cuando por fin llegamos al Aeropuerto de Vantaa, a media hora de Helsinki. Cogimos nuestras mochilas y bajamos hacia el tren, que nos llevaría a Helsingfors por 5€/persona y 11 paradas. Para nuestra mala suerte, el tren se paró durante una hora por problemas en la vía, y eso llegó a desesperarme bastante. El viaje no empezaba muy bien, pero esperaba que la cosa fuese mejorando.

Por fin llegamos a Helsingin Päärautatieasema, la estación que nos dejaba en el centro de Helsinki y a unos 20 minutos andando del restaurante vegetariano Loving Hut, ubicado en la calle Kolmas Linja. Había -8 grados de temperatura y recuerdo que el suelo resbalaba por culpa del hielo, incluso para mis botas de montaña. Dejamos la estación atrás y nos topamos con una impresionante pista de patinaje sobre hielo en el centro de la plaza, donde sólo había una preciosa pareja patinando. La imagen parecía sacada de una película. Me alegró y compensó el mal sabor de boca que me había dejado el retraso del tren.

Ya en camino hacia el restaurante vegetariano, cruzamos varias calles por dentro del parque Kaisaniemi, un lugar precioso por el que recomiendo que paséis. Fue mi primer contacto real con la nieve de Finlandia. Había varios centímetros de nieve bajo mis pies y eso me divertía. Además, el parque daba con un el río Kaisaniemenlahti que acogía a algunas barquitas atrapadas por la impresionante masa de hielo en la que el río se había convertido. Me sorprendió tanto la imagen que no pude parar a hacer las primeras fotos.

Parque Kaisaniemi, Helsinki

Continuamos nuestra ruta y, 10 minutos después, dimos con un Loving Hut cerrado desde hacía más de 3 horas. Entonces recordé aquello de que los Finlandeses cenaban sobre las 6 de la tarde. Intentamos mantenernos optimistas, así que entramos en el supermercado más cercano para cenar en el hotel. Qué repentina suerte la nuestra que dimos con K Supermarket, una cadena de supermercados de Helsinki con varias opciones veganas dentro. Al pasar por la nevera de lácteos bromeé diciendo a mi compañero “¿Imaginas que hubiese queso vegano?”. Pues efectivamente, encontramos un paquete de queso vegano Sheese blue Style que cogimos de inmediato, junto con unos yogures veganos sabor coco, unas patatas y algo de pan.

Pagamos, salimos y nos dirigimos hacia el hotel, cuando de golpe y porrazo nos dimos de bruces con un “Americana Pizzería” y su cartel que ponía “Vegan Pizza”. Cuando lo grité por mi sorpresa, mi compañero pensó que le estaba tomando el pelo y se rió, hasta que le señalé el cartel y…efectivamente, era una pizzería común en el centro de Helsinki que tenía un menú para veganos y celíacos.

Opciones veganas del K Supermarket

Pizza vegana de “Americana Pizzería”

Pizza vegana de “Americana Pizzería”

Como es evidente, decidimos entrar y mirar que tenían. El menú para veganos tenía unas 7 pizzas diferentes, por unos 12€ cada una. Fue nuestra recompensa por el pequeño imprevisto del tren. Un lugar cálido donde sacarnos las mochilas de la espalda, quitarnos las 3 capas térmicas y cenar tranquilamente algo que nos calentara el estómago. Era un lugar bastante acogedor, pequeño pero con bastantes mesas y un espejo que cubría toda la parte derecha del local. La cocina estaba al fondo y se podía ver perfectamente cómo hacían la masa. No sé si era un lugar genial o me encantó porque fue un oasis entre tanto avión y frío.

Algunos minutos después ya llegaron nuestras pizzas (enormes, por cierto) con un montón de queso vegano, cebolla roja, una con champiñones y otra con olivas. La masa era deliciosa y el queso estaba tan fundido que tenía esa textura pegajosa que solía tener el queso de origen animal. Me sorprendió demasiado. No sé si para bien.

Cena en "Americana Pizzería", pizza vegana en Helsinki

Cena en “Americana Pizzería”, pizza vegana en Helsinki

Terminamos las pizzas y por fin, pusimos rumbo hacia el hotel. Nos quedaban 50 minutos, ya que nuestro alojamiento estaba en la otra punta de Helsinki. Esos minutos andado me vinieron muy bien para bajar la cena. Lo recuerdo como un paseo precioso, tapada hasta las orejas, pero precioso. Había bastante niebla, que en conjugación con las luces de las farolas era impresionante. La temperatura era cada vez más baja y yo cada vez necesitaba más una cama, así que después de 4 kilómetros andando con la pizza en el estómago y las mochilas en la espalda, llegamos a nuestro hotel.

En las inmediaciones del hotel estaba todo congelado y parecía hacer mucho más frío, porque estábamos cerca de la costa y todo el agua estaba helada. Justo enfrente del edificio había un puerto con varios barcos y algunas plataformas de construcción, que estaban también atrapadas por los bloques de hielo que cubrían todo agua. La barandilla que nos separaba del agua estaba también  helada y se podía apreciar la forma de los cristales de hielo sobre ella. Una imagen maravillosa.

Puerto enfrente del Clarion Hotel Helsinki

Clarion Hotel Helsinki

Entramos al hotel, pedimos nuestra llave y subimos a nuestra habitación, que se encontraba en la planta 11 con vistas a la ciudad y desde donde se veía parcialmente al puerto. La habitación estaba 30 grados por encima de la temperatura exterior. Descargué mi mochila, mis chaquetas, mis botas, mis pantalones térmicos y me fui directa a la ducha. Sinceramente, apenas recuerdo el transcurso entre la ducha y la cama, pero después de tantos kilómetros de viaje sólo necesitaba descansar.

A conocer Suomenlinna.

La alarma nos despertó a las 7 de la mañana del Sábado 11 de Febrero. Nos vestimos de nuevo con la ropa térmica y bajamos a desayunar a la planta baja. Para veganos no es que hubiese demasiadas opciones. Lo poco que había era algo de fruta insípida y zumo de brick, pero supongo que en una país cuya temperatura media en invierno son los -20 grados no habrá muy buenas plantaciones de naranjas. Al final, algunas patatas horneadas, panecillos de maíz y zumo rancio fue mi desayuno del día.

Mientras terminabamos los platos, miré cuál era la ruta hacia el puerto Kauppatori, desde el cual salían los Ferris a Suomenlinna, un grupo de seis islas que están rodeadas por una fortaleza. Estas islas tienen bastante recorrido histórico, ya que su fortaleza fue construida para protegerse de la expansión Rusa. 

Se encontraba a 35 minutos andado y apenas quedaban 40 para que saliese el próximo Ferri. Cargamos con lo justo y salimos hacia el puerto. Caminamos casi 3 kilómetros bajo unas densas nubes que ennegrecían el paisaje. A veces la nieve y el cielo parecían confundirse. Las calles seguían congeladas y… he de reconocer que con las prisas y la emoción pegué más de un resbalón que podía haber acabado en golpe, pero la buena suerte quiso que mantuviese mi dos piernas sin torcer.

Por fin llegamos al puerto. Nada más asomar apareció un impresionante barco, pintado de blanco y azúl oscuro con unos enormes mástiles de madera que se veía unidos por cuerdas y unas hermosas bombillas blancas que formaban un hilo de luz en el aire. Me hizo retroceder de siglo por un momento.

Continuamos el camino. A la derecha el puerto, a la izquierda la ciudad Helsinki, por arriba  un falso techo de cuerdas que, al igual que el barco, presumían unas preciosas luces que aportaban algo de ternura al gris escenario que había pintado el temporal. Quedaban apenas 5 minutos para que llegase el primer Ferri.

Puerto de Helsinki.

Puerto de Helsinki.

Eran las 8:52 de la mañana cuando sacamos nuestro ticket para Suomenlinna, que tenía un precio de 5€/persona y era válido durante 12 horas. Los ferris conectaban cada 45 minutos la Isla Suomenlinna con Helsinki. Seguíamos presumiendo a carcajadas de haber llegado a tiempo contra todo pronóstico, mientras el Ferri asomaba ya por la entrada del puerto. En menos de cinco minutos ya habíamos embarcado y estábamos de camino a la impresionante Suomenlinna, considerada Patrimonio de la Humanidad.

Puerto de Helsinki – Ferri a Suomenlinna

Lo reconozco. Estaba tan emocionada como una niña pequeña con…no un caramelo, sino más bien un saco de caramelos. Pese que la temperatura rodaba de nuevo los -10º y había algo de viento, no pudimos evitar estar en la parte frontal del barco durante los pocos minutos de trayecto. Pudimos ver como los bloques de hielo se quebraban al paso del Ferri, haciendo un ruido sorprendentemente ensordecedor. Las islas más pequeñas se iban quedando atrás, y yo no podía creer las cosas tan increíbles que estaban viendo mis ojos.

Ferri a Suomenlinna (Helsinki)

Creo que no fueron más de 10 los minutos que el Ferri tardó en dejarnos en Suomenlinna. Desembarcamos y salimos por un camino que nos llevaba hacia la derecha de la isla, cruzando un puente helado con barandillas de madera blanca. Nada más cruzarlo, dimos con un cartel helado que nos indicaba la ruta a seguir para conocer esa isla. Siguiendo las indicaciones, chocamos con unos edificios antiguos rodeado de árboles plagados de copos de nieve tan congelados que dejaban ver a la perfección su forma única y ramificada. Las vistas me recordaron a los escenarios típicos de las películas de la segunda guerra mundial. Edificios sucios de una o dos plantas de piedra y ventanales de madera vieja pintada. Me llamó la atención que todos los edificios tenían una escalera enorme que te llevaba desde el suelo al techo… Luego caí en la conclusión de que sería para limpiar la nieve.

Puente de Suomenlinna (Helsinki)

Hielo en los árboles de Suomenlinna

Suomenlinna (Helsinki)

Hay muchísimas cosas que ver de la islas. Suomenlinna es una de las visitas obligatorias si viajas a Helsinki.  Por eso caminamos, caminamos y caminamos más. Entramos un minuto en el K Supermarket de Suomenlinna para comprar algo de beber. Cogimos unos batidos de soja y chocolate y unas semillas y pipas de calabaza, que yo quería usar para alimentar a los pajaritos de la isla que algo más tarde visitaríamos: Meilahti. Quiero destacar que fue muy gracioso beberse un batido de chocolate que, pese a estar sacado de una nevera, estaba más caliente que la temperatura ambiente de la isla.

Pocos minutos después dimos con una Suomenlinna más actualizada. Con gente haciendo deporte, turistas fotografiando todo y una preciosa cafetería rosa palo que ofrecía bebidas calientes. Desde ese punto – y desde todos los demás – asomaba una enorme cúpula verde sujetada por un edificio beige, que lucía una cruz y una luz como reclamo. Era la iglesia de Suomenlinna que en aquel momento estaba cerrada.

Algunos metros más tarde dimos, casi sin querer, con algunos pasillos interiores de piedra que parecían antiguos calabozos, escondites o cualquier cosa similar. Eran unos pasillos estrechos de piedra y madera que se veían acabar por culpa de algunas puertas tapiadas. La luz entraba de manera suave, y llegaba al suelo cortada por los barrotes de madera, que nos elevaba a varios metros de un segundo suelo más bajo. Las construcciones hacían evidente que la isla había pasado por años de actividad bélica. De hecho, según leí más tarde, el castillo sirvió como campo de prisioneros durante la guerra civil Finlandesa.

El recorrido continuó por un buen rato más. Yo recomiendo que reservéis por lo menos 1 hora y media para ver la isla y no perderos ningún detalle. La nieve, los árboles, las construcciones, la gente y las casitas para pájaros con comida que ponen los residentes para los animalitos autóctonos.

Cafetería, Suomenlinna

Pasillos interiores de Suomenlinna

Casetas para pájaros, Suomenlinna

La plaza del mercado y la catedral Uspenski de Helsinki

Ya algo cansados, cogimos el Ferri de vuelta y visitamos la catedral que habíamos visto desde el puerto. Se trataba de Uspenski Cathedral, un edificio con motivos religiosos que se encuentra a menos de 5 minutos andado desde la plaza de mercado, el lugar de salida de los Ferris. Había que cruzar desde Kauppatori hasta Katajanokka, la península que acoge dicha catedral. Reconozco que no soy el tipo de viajera que se recorre todos los edificios emblemáticos de la ciudad, pero esta catedral me llamó muchísimo la atención su cúpula verde y dorada, que me recordó a las catedrales rusas. Poco más tarde leí que su diseño  había estado inspirado en el arte Moscovita y que el arquitecto que la diseñó era Ruso. No estaba yo tan perdida.

Subimos por las escaleras y entramos. La sala era relativamente pequeña para ser una Catedral. El techo tenía una hermosa cúpula azul cielo con estrellas doradas pintadas encima. La luz entrada desde los ventanales de la cúpula para sobre-iluminar aquella mágica decoración. Desde ella, caía un Chandelier de falsas velas blancas más que impresionante. La verdad es que mereció mucho la pena entrar. Si viajas a Helsinki, tienes que visitar su Catedral.

Catedral Ortodoxa Uspenski, Helsinki.

Cúpula de la Catedral Ortodoxa Uspenski, Helsinki.

Catedral Ortodoxa Uspenski, Helsinki.

Una Sandwichería vegana en el centro de Helsinki

Deshicimos camino y cruzamos la plaza del mercado. No sé si antes estaba demasiado emocionada, pero ni me había fijado. En el centro de la plaza se habían amontonado diversas casetas blancas con los típicos recuerdos para turistas: imanes, gorritos, bufandas, peluches, decoraciones de madera… Era bastante bonito.

Plaza del Mercado, Helsinki

Plaza del Mercado, Helsinki

Cruzamos la ciudad para llegar hasta el centro comercial Picnic Forum, que está situado en el centro de la ciudad y a solo 1 kilómetro del mercado.  Happy Cow nos decía que dentro de ese centro comercial había un restaurante de bocadillos veganos de precio moderado y con muy buenas críticas, además de que era la opción más cercana que teníamos. Al llegar, con hambre, cansancio y frío, fuimos directamente a Kippo Sandwich Press. No había demasiada gente y eso me hizo dudar un poco, pero al ver su menú se me quitó cualquier atisbo de duda. Tenían bocadillos calientes con rúcula, salsas variadas (picantes, de mayonesa de frambuesas…), aguacate en rodajas, quesos veganos y mucho más. Yo elegí Mr. Pink, el bocadillo vegano con mayonesa de Frambuesas. Qué maravilla.

Según íbamos comiendo el local se fue llenando de todo tipo de gente. Detrás un padre con su hijo, que bebía un jugo de frutas (a 7€ que estaban), en frente una madre y su hija adolescente, y a nuestro costado dos amigas.

No sé si fue el hambre voraz que tenía, el estar sentada o el calorcito del local, pero Kippo me encantó. Me quedé con ganas de volver una vez más. Para mi fue el mejor restaurante vegano de Finlandia.

 

Mr Pink, bocadillo vegano de Kippo, Helsinki

Mr Pink, bocadillo vegano de Kippo, Helsinki

Mr Pink, bocadillo vegano de Kippo, Helsinki

Mr Pink, bocadillo vegano de Kippo, Helsinki

Cruzando un lago helado hasta Seurasaari.

Se acabó lo que se daba. Terminada la comida, tocaba continuar el viaje. Yo tenía todo más o menos planeado: esa tarde quería visitar la isla Seurasaari, conocida por sus museos y sus casetas de madera, antiguas viviendas transportadas desde otras partes de Finlandia que ahora construyen un impresionante paisaje a lo largo del bosque de la isla.

Desde el restaurante vegano Kippo hasta Seurasaari había unos 5 kilómetros y medio, pero al final el viaje sería un poco más corto. Comenzamos a seguir las indicaciones de mi GPS, que para algo había descargado yo el mapa de la ciudad. Más o menos 1 hora después, habiendo callejeado por la ciudad, dimos con una enorme superficie helada en la que correteaban perros libremente, mientras un grupo de humanos mantenían conversaciones en pequeños grupos. Segundos después, gracias a una boyas enormes, nos dimos cuenta de que esa gran superficie blanca era Seurasaarenselkä Fölisöfjärden, el lago, ahora helado, que separaba la ciudad de Helsinki de la isla. 

Al ver que aquellos se lo pasaban tan bien y no parecían tener miedo, decidimos aventurarnos a entrar al lago helado. Yo tenía pensado pisar unos cuantos metros y volver a al superficie, no me fiaba demasiado de la seguridad de aquello. Soy la típica persona a la que le pasan cosas trágicas por torpe y que luego sale en las noticias.

Por mi cabeza pasaban titulares tipo: Una torpe y joven Española sufre una fuerte hipotermia tras caer a un lago helado. Moviliza a toda Helsinki para su rescate.

Por suerte no fue así, y salí viva de allí. Cuando vi a gente esquiar y más perros jugar me di cuenta que, con la tontería, ya estábamos en el centro del lago y que habiendo llegado hasta allí, por qué no cruzarlo todo.

Cruzando lago a pie - Seurasaari

Cruzando el lago a pie – Seurasaari, Helsinki

[Continúo la historia en la segunda parte: Una vegana en los bosques de Finlandia – 2a Parte]

Jenny
Una vegana por el mundo

Diseñadora trabajando en Barcelona y chef frustrada en mi casa. Enamorada de mis perros. Viajar es la segunda cosa que más me gusta de esta vida.

1 Comments

Coméntanos si te apetece

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *