Una vegana en Viena, Austria.

Blog de viajes: Una vegana en Viena, Austria

Viena es una ciudad que desborda cultura por sus cuatro costados, y supongo que será debido a que es una de las capitales más antiguas de Europa. En invierno se convierte en una ciudad gélida, pero desde mi perspectiva eso no hace más que ensalzar su belleza natural. Su arquitectura, sus monumentos, sus palacios, sus espacios verdes, sus impolutas calles empedradas y de aspecto clásico tienen una belleza incomparable. Hasta la esquina más insignificante desborda elegancia y un diseño exquisito.

Viena es ese lugar que tienes que visitar si estás deseando sumergirte en lo puramente cultural. Sus museos contienen algunas de las obras más importantes y más buscadas por el turismo: el beso de Klimt o la exposición de Schiele. De hecho, la ciudad tiene un complejo cultural llamado Museumsquartier, donde se encuentra el Mumok (Museo de arte moderno) y el Leopold Museum, que aloja una de las mayores colecciones de arte moderno de Austria. Y no, no tienes que ser un gran entendido del arte para poder disfrutar de él.

Consejos para Viajar a Viena siendo vegano

Ser vegano en Viena es increíblemente fácil, lo notarás especialmente si viajas desde España. El veganismo está muy normalizado en la capital Austriaca, de hecho, pude ver como la “Vegan Label” está presente en todo tipo de tiendas, desde tiendas de regalo, panaderías hasta los supermercados más grandes, aunque eso es algo que os mostraré más adelante. Antes te quiero dar algunos pequeños consejos para viajar por Viena, especialmente si eres vegano/vegetariano y te quieres ahorrar tener que estar rebuscando en el menú.

  • Descárgate la app Happy Cow (disponible para Andoid e iOs) para geolicalizar los restaurantes y tiendas veganas cercanas. Puedes guardar tus favoritos, consultar precios, ver críticas y fotos de otros clientes y así saber qué restaurantes vas a querer probar. Ten en cuenta que el idioma principal es el Alemán, y el secundario es el inglés, así que si no tienes dominio de ninguno de los dos, lo mejor es que vayas directamente a un vegano. Así te ahorras sorpresas.
    Link para descargar Android (Gratuita) / Link para descargar iOs (4,49€)
  • En invierno Viena puede alcanzar temperaturas bajo 0 muy fácilmente, además de sorprenderte con grandes lluvias y nevadas, por lo que es fundamental llevar ropa térmica impermeable. Para que os hagáis una idea, yo llevaba mallas térmicas, pantalones largos, botas de montaña que cubren por encima del tobillo, camiseta interior, jersey sintético y chaquetón, braga para el cuello, mentón, boca y nariz, y gorro para tapar orejas, y aún así tenía algo de fresco. Así que si no queréis sufrir o perderos los mejores rincones de la ciudad, aseguraos de llevar suficiente ropa de abrigo, de lo contrario será insufrible. Es bastante común encontrar ropa térmica que esté hecha a base de piel, lana, plumas y pelo animal , así que si no tienes ya ropa térmica en casa, te tocará leer alguna que otra etiqueta en las tiendas.
  • Para moverte por Viena tienes muchas opciones: bus, metro, tranvía, taxi y Uber. También tienen carros de caballos, pero esa opción queda descartada por motivos obvios. Entre el aeropuerto y el centro de la ciudad hay unos 25 minutos en coche. Puedes coger Tren,  Taxi (40€) o Uber, que es más barato que el Taxi (30€). Así que descargarte la APP de Uber puede ser una gran idea si te quieres ahorrar unos euros.
    Descargar Uber para Android (gratuita) / Descargar Uber para iOs (Gratuita)
  • Si tienes pensado visitar la ópera o determinados museos será mejor que lleves una alternativa a ropa puramente térmica. No es necesario vestir de traje, cortaba o vestido de gala, pero sí necesitarás ropa un poco más elegante.

Nuestro vuelo Madrid – Viena

Volamos en dirección Viena el pasado 19 de Enero. Cogimos el primer vuelo para poder aprovechar todo ese viernes, así que a las 7 de la mañana teníamos que estar en Madrid Barajas. El vuelo duraría casi 3 horas, por lo que pensé en llevar algún snack, sobre todo porque iba a tocar desayunar muy temprano. Siempre suelo llevar como snack algunos frutos secos o unas barritas veganas caseras, pero en este caso tenía en casa unas cuantas barritas que me habían llegado de Iswari, así que aproveché pensando en que sería un buen snack (sin mucho éxito, especialmente la de Vainilla, que sabe a ambientador de Limón).

Vuelo Madrid-Viena
Vuelo Madrid-Viena
Snacks veganos "Despertar de buda".
Snacks veganos “Despertar de buda”.

Sobre las 11 y media de la mañana llegamos al aeropuerto de Viena, así que aproveché para avisar a nuestra anfitriona de Airbnb para la entrega de llaves. Cogimos un taxi (primer error, un Uber hubiese sido más barato) y nos dirigimos hacia el centro. Reconozco que estaba con la emoción en lo alto: era mi primera vez en Austria.

Alojamiento en Viena: nuestro Airbnb por 4 días.

Llegamos a la puerta de nuestro AirBnb y la anfitriona nos estaba esperando con las llaves y un montón de información de interés para los hospedados, aunque la mayoría de cosas eran restaurantes en los que comer sería imposible para nosotros.
Durante este viaje decidimos probar por primera vez un Airbnb fuera de España, ya que suele ser mucho más barato y cómodo que un hotel a la hora de desayunar, comer, desenvolverte, entrar, salir… es básicamente como tener tu casa en la ciudad. Te da total independencia. Buscando por la web de Airbnb encontré un apartamento preciosérrimo, modernísimo y cómodo por unos 60 euros la noche. Un precio alucinante para ser -casi- el centro de Viena, aunque hay que tener en cuenta que estábamos fuera de temporada. El apartamento era tal y como se veía en las fotos.

Un Duplex amplio, luminoso y cálido. Con su entrada privada, el apartamento se distribuía a lo largo de dos alturas. Una pequeña cocina con todo incluido, dos baños, televisión, mesa en el comedor y una preciosa escalera de madera iluminada por la cristalera de bienvenida, que te llevaba a la habitación doble y al baño superior. Un ambiente totalmente blanco, minimalista, limpio y fresco gracias a los pequeños toques de color menta. La verdad es que podría ser fácilmente la casa de mis sueños ¡Una lástima que se escape de mi presupuesto!

 

Habitación de nuestro Alojamiento Airbnb en Viena
Habitación de nuestro Alojamiento Airbnb en Viena

Lo primero que hice nada más entrar al apartamento fue quitarme toda esa ropa térmica, darme una ducha y tumbarme en la enorme cama de la planta de arriba. Estaba emocionada, pero el cansancio era más que real. Así que nos dedicamos a mirar qué es lo que podríamos visitar después de comer.

Si me preguntáis si os recomiendo el apartamento os diré un gran sí. Aunque no estaba en el verdadero centro de Viena y las calles no eran las más bonitas ni luminosas, el apartamento estaba bastante cerca de todo: a 15 minutos andando del Museo Belvedere, a 10 minutos andando del Buffé Libre vegano -del que os hablaré después-, cerca de la estación central, a 30 minutos a pie del centro y con la comodidad que da una zona poco transitada. Eso sí, ya os digo que de noche esas calles no son muy alegres.

25€ de Regalo en el apartamento de tu próximo viaje.

Si tienes pensado probar esto de Airbnb, puedes hacerlo a través de mi invitación. Si te registras en la web a través de mi link clicando aquí,  Airbnb te regala 25€ de crédito de viaje que te descontará en tu primera escapada superior a 65€, así que si te quedas a dormir en el apartamento en que nosotros nos quedamos, ya lo has cubierto con una noche. Una vez os hayáis registrado, podéis coger nuestro apartamento (o curiosearlo al menos) en este link: Modern Mint – Central Design Duplex. Además, a mi me regala 15€ de crédito, que probablemente me lo gaste en la próxima entrada que veáis aquí :-p

Día 1 visitando Viena: Catedrales, parques, un mercado de frutas y verduras, la ópera y restaurantes veganos en la ciudad.

Después de recuperar algo de energía nos decidimos a empezar a conocer la ciudad. Estábamos situados en el 3er distrito, así que cogimos dirección al centro a través de la calle Rennweg, que nos paseó por los al rededores del inmenso Palacio Belvedere, hasta llevarnos a la plaza en la que se encuentra la fuente Hochstrahlbrunnen, que en ese momento estaba seca. Supongo que sería debido a las temperaturas que se alcanzan por la noche. Frente a nosotros: el  inmenso monumento Heldendenkmal der Roten Armee, una obra que rinde homenaje a los soldados soviéticos que murieron durante la Guerra de Viena (II Guerra mundial). La estatua está rodeada por un sermi-circulo de 8 metros de alto y 26 columnas que entrecierra la plaza, con una enorme inscripción cincelada que hace referencia a los soldados.

Monumento a los soldados Soviéticos, Viena.
Monumento a los soldados Soviéticos, Viena.
Foto frente a la Heldendenkmal der Roten Armee
Fuente Hochstrahlbrunnen, frente a la Heldendenkmal der Roten Armee

Cruzamos el parque y, casualmente, dimos con la Karlsplatz y la Karlskirche, la Iglesia de San Carlos Borromeo. Y eso es lo más increíble de pasear por Viena, que sin quererlo te sorprende con una impresionante construcción tras otra. La iglesia, en la que predomina el estilo barroco, deslumbra con su enorme cúpula, sus dos torres laterales inspiradas en el trajano de Roma, y una entrada que rompe recordándonos a las construcciones de la antigua Grecia. En blanco, verde menta y dorado, desprende un aire absolutamente lujoso.

Lo más curioso de esta iglesia es su historia, y es que fue construida como reconocimiento al arzobispo italiano que le da nombre, Carlos Borromeo, por su lucha contra la peste y su implicación con los enfermos. La iglesia admite visitas, por un precio de 8€ por adulto y 4€ si eres estudiante.

Iglesia San Carlos Borromeo, Viena.
Iglesia San Carlos Borromeo, Viena.

Seguimos el paseo mientras se acercaba el mediodía. Después del tremendo madrugón, las 3 horas de vuelo y el frío que hacía, sólo apetecía comer algo. Así que abrí Happy Cow (por eso os decía que es imprescindible descargarla) y miré cuál era el restaurante vegano más cercano. <Os mentiría si dijese que no tenía ya todos los restaurantes veganos más interesantes marcados en el mapa y sabía que este era uno de los que quería visitar>

Nos encontrabamos a 6 minutos andado del restaurante vegano Swing Kitchen, así que hacia allí nos dirigimos. A los pocos metros el paisaje empezó a cambiar hacia unas construcciones más alternativas y con aires juveniles, y es que Swing Kitchen se encuentra al lado de la Universidad Técnica de Viena.

Llegamos Operngasse 24, la calle del restaurante. La fachada en negro y un cartel enorme que anuncia “Real Vegan BURGER” lo hace bastante fácil de identificar.

Swing Kitchen: restaurante vegano en Viena: Operngasse 24.
Swing Kitchen: restaurante vegano en Viena: Operngasse 24.

 

Dulces veganos en Swing Kitchen (Viena).
Dulces veganos en Swing Kitchen (Viena).

Entramos al local y estuvimos observando el menú. Tenían Wraps, Ensalaladas…Pero sobre todo una buena oferta de hamburguesas veganas, así que, por qué no. Pedimos dos Vegan Chesse Burguer que venían con patatas, además de unos nuggets veganos y aros de cebolla para probar. Sí, había hambre. Y sí, nos pasamos pidiendo comida. El local es precioso, con un lateral completamente acristalado que lo ilumina con luz natural. Dentro tiene mesas individuales, grupales y barras en verde que apuntan a las ventanas. De hecho, se agradece muchísimo poder ver la calle mientras comes en un lugar cálido, da una sensación muy acogedora. Además de que en invierno en Viena los lugares cálidos son un tesoro.

Las hamburguesas son inmensas y de sabor no está nada mal, aunque reconozco que no me impresionaron demasiado. Quizá era esta hamburguesa concreta, que tenía una salsa con una tendencia cítrica un poco extraña, pero todo lo demás estaba muy bien. Pan crujiente y abundantes vegetales. Lo que sí me impresionó fue la bandeja de seis nuggets, los aros de cebolla y las patatas, junto con sus salsas. Y ahí va un pequeño detalle que me gustó especialmente: los vasos no son de plástico.

El menú del restaurante lo tenéis en su página web.

Swing Kitchen: vegan cheeseburguer, aros de cebolla y patatas.
Swing Kitchen: vegan cheeseburguer, aros de cebolla y patatas.

Swing Kitchen: vegan cheeseburguer, aros de cebolla y patatas.

Para cerrar el menú pedimos un par de dulces: una tarta con frutos rojos y un donut de chocolate, que yo me tuve que llevar en el bolso para no morir de indigestión. Pero os puedo decir que como merienda fueron una maravilla. Sin duda creo que Swing Kitchen es uno de los restaurantes veganos que hay que visitar si viajas a Viena. Eso sí, probad otra hamburguesa, quizá estén mejor. De precio no está nada mal (30€ x 2 personas) algo bastante moderado, teniendo en cuenta que Viena es caro de por si.

Swing Kitchen es uno de los restaurantes veganos que hay que visitar si viajas a Viena.

Tarta vegana y Donut vegano de Swing Kitchen
Tarta vegana y Donut vegano de Swing Kitchen

Salimos del restaurante con la necesidad de caminar, al menos, por 45 minutos para bajar la comida y no morir en el intento.  Empezamos a callejear disfrutando de cada uno de los rincones de la increíble ciudad. Improvisando el camino dimos con el Mercado NaschMarkt. Por unos cuantos carteles que vi pensé que era un mercado puramente de pescado y carnes, pero ni por asomo. Es un mercado bastante variado. Se desarrolla a lo largo de varias manzanas y tiene dos pasillos con distintas tiendecitas. En él hay pequeños restaurantes, puestos en los que te ofrecen muestras de comida (pero difícil es encontrar muestras 100% vegetales), enormes mesas de especias embolsadas, frutas y verduras importadas desde diferentes países Europeos y hasta un pequeño local con harinas ecológicas. Si eres un amante de la comida como yo, el Naschmarkt es una visita imprescindible ¡Pero ojo! Sólo abre de Lunes a Viernes de 8:00 a.m a 6:30 p.m. ¡Así que no hagáis como yo! Que me enteré tarde y tuve que volver el Lunes a última hora antes de coger el vuelo. Si tenéis interés, reservad un buen rato, porque el mercado es bastante grande y tiene muchas cosas que ver. De hecho, es un buen sitio para llevar algún regalo a familiares y amigos amantes de la comida.

Naschmarkt: Un mercado de frutas, verduras y especias en medio de Viena.
Naschmarkt: Un mercado de frutas, verduras y especias en medio de Viena.

 

¡Y aquí un pequeño inciso! Caminando por la zona dimos con una farmacia (Apotheke), así que aprovechamos para comprar algunas cosas que necesitábamos. Cuando entramos dentro me quedé sin palabras. La farmacia parecía sacada de una película. Las estanterías de gran altura, los muebles de madera oscura, los botes etiquetados con sus nombres y los ornamentos que decoraban todas las esquinas tenían un aspecto de lo más clásico, y es que es una farmacia que ha conservado su estructura interior desde que la construyeron. ¡Menuda escena! Merece la pena entrar a una aunque sólo sea para retrotraerte a las farmacias del siglo XX.

Farmacia de Viena.
Farmacia de Viena.

Pero volvamos a la historia. Justo al lado del mercado Naschmarkt se encuentra el Museumquartier, o lo que es lo mismo, un enorme barrio dedicado puramente a los espacios culturales. Y en esa misma zona – pero en dirección contraria-, encontramos, por fin, la mundialmente famosa Vienna State Opera House, uno de los espacios más emblemáticos de Viena, que se ha convertido en una auténtica atracción para todo el público, y no sólo para músicos. El edificio se encuentra en una de las calles más transitadas de la ciudad, forma parte del auténtico centro. Tranvías, coches y viandantes envuelven la increíble arquitectura de la ópera, que ya siendo mágica de día, de noche se convierte en un auténtico espectáculo de luces.

El edificio se encuentra en una de las calles más transitadas de la ciudad,  forma parte del auténtico centro. Tranvías, coches y viandantes envuelven la increíble arquitectura de la ópera, que ya siendo mágica de día, de noche se convierte en un auténtico espectáculo de luces.

Vienna State Opera House.
Vienna State Opera House.

 

Y aquí es dónde creció mi pequeña frustración: no pudimos asistir a Don Giovanni de Mozart, la obra que inauguró el espacio en el 45 y que se realizaba la siguiente noche de sábado. Así que aquí va un consejo anti-fustraciones: si queréis ir a la ópera aseguraros de comprar las entradas con mucha antelación. Porque ir a Viena y no asistir a la ópera es un delito.

Empezaba a caer el sol, puesto que en Viena en Enero a partir de las 4 y media ya atardece. Decidimos volver al apartamento para poder descansar y preparar todo para el día siguiente, cuando sí tendríamos tiempo para explorar la ciudad en profundidad. Pero para aprovechar el camino de vuelta dimos un buen rodeo, introduciéndonos en plena zona comercial, que se encuentra justo detrás de la ópera.

A través de la Kärntnerstrasse paseamos por algunas tiendas de souvernirs, algunas tiendas comunes de ropa y otros locales con precios desorbitados que ostentan bolsos, relojes y joyas de todo tipo, como Rolex (¡¿Habéis visto el precio de esos relojes?!), Chanel, Louis Buiton y Swarovski. Algo me decía que era una zona con bastante poder adquisitivo. El caso es que, una vez más sin querer, chocamos con la Catedral de Viena: Domkirche St. Stephan, o como la estuvimos llamando  resto del viaje: la Sagrada Familia Austriaca. No me preguntéis por qué, porque el parecido es prácticamente nulo. Pero a veces, cuando estoy cansada, me sale un humor ridículo que sólo me hace gracia a mi.

Catedral San Esteban de Viena.
Catedral San Esteban de Viena.

Nos colamos por los callejones de la Catedral, cogiendo dirección al apartamento, ya que aún teníamos unos 35 minutos de trayecto. Durante el camino de vuelta no pudimos comentar en varias ocasiones lo impresionante que es esta ciudad, con sus pequeños callejones elegantes y arquitectónicamente homogéneos. De hecho, si me seguís por Instagram, pudisteis ver en Stories el paseito de vuelta. Tan bien iluminado. Da gusto pasear de noche.

Durante el trayecto encontramos varias tiendas, así que entramos a comprar para el desayuno del día siguiente. Entramos en un Billa, un supermercado que se encuentra a lo largo de toda la ciudad y que dispone de leches vegetales y postres veganos con la “Vegan Label” para facilitar el asunto. Eso sí, la única marca que vimos era Alpro. Compramos algo de pan, un zumo, unos yogures de soja, un poco de leche de soja y seguimos de camino a casa.

A los pocos metros, en la calle Singerstraße 27,encontramos un local acristalado en la planta baja de unos edificios, del que colgaba un enorme letrero con la palabra Biomarket. Se trata de Denns Biomarket, un mix entre tienda ecológica y panadería con muchas opciones veganas. Es algo así como la versión Austriaca del Veritas. Así que, sólo por curiosidad, entré a mirar qué podíamos encontrar. Para mi sorpresa, en el mostrador tenían una variada oferta de dulces veganos etiquetados como aptos: panes, galletas, croissants veganos simples (1€), rellenos de mermelada (2,80€)… ¡Así que me vine arriba! Y me llevé un par de Croissants para el desayuno del día siguiente.

Denns Biomarket, un mix entre tienda ecológica y panadería con muchas opciones veganas.

Ya anocheció para cuando cruzamos el Stadpark, uno de los parques más importantes de Viena, no sólo porque puedes ver a unos preciosos patos nadando en las gélidas aguas del lago, si no porque es el parque que más esculturas contiene. De hecho, ahí se puede ver el impresionante monumento dorado a Johann Strauss II, también de visita obligatoria. Y aunque ese es el más reclamado por turistas, también hay monumentos a Schubert (compositor Austriaco), Robert Stolz (compositor y director de orquesta) y Brukner (también compositor Austriaco). Es un parque de carácter muy variado, ya que también contiene una zona más juvenil y desenfadada, con canchas de basquet y zonas de recreo.

Puente del Stadpark, Viena.
Puente del Stadpark, Viena.

Llegamos al apartamento y descansamos hasta la hora de cenar. Con el frío exterior no apetecía en absoluto salir a cenar fuera, así que busqué servicio a domicilio de comida vegana, sin mucho éxito. Pese a que Lieferservice y Foodora tenían alguna opción vegana, no eran demasiado interesantes, o al menos no en aquel momento. Así que recurrí a Happy Cow, que me enseñó que tenía un restaurante asiático vegano a 10 minutos del apartamento, ubicado en la calle Ungargasse 57. Me volví a preparar y salí a buscar la cena.

Vegetasia Experimental Soya es un bufé libre vegano que tiene una oferta muy interesante: sopas de miso, sopas picantes, noodles con verduras, makis de aguacate, pepino y mango, gyozas de verduras, ensaladas, y algunos dulces como bolitas de plátano frito y unos dulces rellenos de chocolate. Si os soy sincera: no es que sea la mejor comida vegana que puedas probar en Viena, pero si eres amante de la comida asiática y quieres comer sin límite por poco dinero (15€ x persona aprox.) -y con la comodidad de saber que todo es vegano-, entonces tienes que visitar Vegetasia Experimental Soya. Los makis y las gyozas son sin duda los mejores platos del restaurante.

Si eres amante de la comida asiática y quieres comer sin límite por poco dinero en Viena -y con la comodidad de saber que todo es vegano-, entonces tienes que visitar Vegetasia Experimental Soya. Los makis y las gyozas son sin duda los mejores platos del restaurante.

El espacio es bastante llamativo. Está señalizado por una luz verde que destaca en la calle por encima de cualquier otra cosa. Al entrar, y tras pasar una cortina gruesa y opaca de color verde -que me dio la sensación de estar entrando para hacer algo ilegal-,me encontré con diferentes mesas vestidas de blanco y verde, con un techo también verde acompañado de unas luces moradas. Una combinación un tanto extraña. Al fondo, una larga mesa con todas las opciones veganas. Como yo pedí Take Away, me entregaron unos recipientes de cartón-plástico para que me llevase cuánto quisiera (literalmente, eso me dijeron). Así que me cargué de algunos makis, sopas, ensaladas, noodles y algunos dulces para disfrutar en el apartamento.

La cena fue un oasis relativamente saludable después de la hamburguesa del mediodía. De hecho, como nos gustó bastante, la noche siguiente repetimos, pero esta vez quedándonos en el local. Como veis, la comida no es que tenga una pinta estupenda, pero está bastante bien. Creo que es un restaurante que hay que probar, al menos, una vez.

Gyozas del Buffé libre vegano Vegetasia, en Viena.
La noche siguiente volvimos a visitar Vegetasia. En el plato: Gyozas y makis.

 

Día 2  en Viena: Belvedere Museum y un recorrido cultural por la ciudad.

Ya era sábado. Era nuestra primera noche en Viena y nos despertamos con la felicidad que da tener un buen desayuno en la mesa. Era el que habíamos comprado el día anterior en los supermercados Billa y el Denns Biomarkt. Unas tostadas calientes, café, zumo para mi, y croissants veganos para compartir. Y aunque a estos últimos les faltaba un toquecito de horneado, sentaron maravillosamente.

Desayuno vegano del día siguiente.
Desayuno vegano del día siguiente, comprado en Billa y Denns.

Nos enfundamos en todas las capas térmicas y salimos en dirección al Museo Belvedere. Hacía un día espléndido, apenas había nubes en el cielo y la temperatura era de 3 o 4 grados. La escarcha que la noche había dejado se estaba derritiendo. Caminamos en dirección a la entrada principal. Los jardines ya estaban abarrotados por turistas, y no es para menos, porque la belleza de ese palacio es inconmensurable. Es obligatorio destinar unos cuantos minutos a disfrutar de la imagen del Blevedere reflejándose en el enorme estanque que se encuentra justo en frente.

Jardines del Museo Belvedere, Viena.
Jardines del Museo Belvedere, Viena.

Fuimos a comprar las entradas para ver la exposición permanente de Klimt, que tenían un precio de 15€ por persona adulta. Sólo con entrar en aquella construcción te empiezas a sentir pequeño. Sus enormes techos ornamentados, las lámparas que caen de él, sus inmensas paredes blancas, las cristaleras que crean luces y sombras…, todo el entorno rebosa elegancia y buen gusto.

Entradas para el museo Belvedere: 15€
Entradas para el museo Belvedere: 15€
Interior del Museo Belvedere, Viena.
Interior del Museo Belvedere, Viena.
Martin van Meytens - The Family of Count Nikolaus Pálffy of Erdöd (1760)
Martin van Meytens – The Family of Count Nikolaus Pálffy of Erdöd (1760)
Panorámica del interior del museo Belvedere.
Panorámica del interior del museo Belvedere.
Ornamentos, lámparas y pinturas del museo Belvedere.
Ornamentos, lámparas y pinturas del museo Belvedere.

Y, como decía antes, aunque no seas un entendido ni un apasionado del arte, visitar el Belvedere te dejará sin palabras. No hay ser humano que no sea capaz de impresionarse al ver obras como el Beso, pintada sobre un lienzo de casi 2 metros de alto por 2 metros de ancho con detalles en oro. No hay fotografía, vídeo o reproducción que pueda mostrar la enormidad del beso más famoso de la historia del arte. De hecho, es sin duda la obra reclamo del Belvedere. Es la única sala que estaba abarrotada. Además, a lo largo de toda la ciudad puedes encontrar cuantiosas referencias al Beso, desde el cartel de bienvenida en el aeropuerto hasta las propagandas por la calle.

Ciertamente, no sería justo destacar solo esa obra y dejar en un segundo plano las demás, porque en la exposición también se encuentra Judit I de Klimt, un Oil on canvas más modesto en tamaño que brilla de igual manera por su seducción, su técnica y uso de oro junto al óleo. El House Wall de Schiele, además de sus numerosos autoretratos y obras  de otros más que fundamentales artistas como Van Gogh.

El beso, de Gustav Klimt en el Museo Belvedere.
El beso, de Gustav Klimt en el Museo Belvedere.

No hay fotografía, vídeo o reproducción que pueda mostrar la enormidad del beso más famoso de la historia del arte.

Y aquí otro pequeño inciso: Nosotros nos quedamos con las ganas de observar el Belvedere de noche, porque para cuando decidimos que sería una buena idea (al día siguiente de verlo por dentro, la ultima noche que pasaríamos allí), ya estaba cerrado. Así que tenedlo en cuenta: el Belvedere cierra las puertas de su jardín bastante temprano, aprovechad e ir media hora antes de su cierre para poder verlo de noche. Las luces que lo iluminan se reflejan en el estanque y es algo mágico. Fin del inciso.

Después de ver, por fin, la maravillosa colección del Múseo Belvedere y sus impresionantes jardines, decidimos que era momento de visitar algunas zonas emblemáticas de la ciudad. A apenas 1,5km del palacio se encuentra la Mozartbrunnen, una fuente que representa la obra “La flauta mágica” de Mozart. De hecho, la plaza lleva su nombre: Mozartplatz. Merodeamos en dirección al Museumquartier, pasando por el Pabellón de la secesión, un espacio reservado a la exposición de arte moderno. Justo al lado encontramos Veggiezz (Operning número 6), un restaurante vegano en pleno centro de Viena que estábamos deseando probar.

Veggiez, mi restaurante vegano favorito de viena.
Veggiezz, nuestro restaurante vegano favorito de viena.

Sólo os diré que Veggiezz se convirtió, con diferencia, en nuestro restaurante vegano favorito de toda Viena. Tiene la mejor oferta gastronómica. Tenéis que ir aunque sólo sea por comer un Schintzel vegano. Aunque también os aviso que fue el más caro de todos los que probamos (45€ x 2 personas). Pese a ser un local relativamente pequeño, su decoración en madera blanca, sus amplias ventanas y su ambiente acogedor me fascinó. Su oferta era mucho más variada que la de otros restaurantes: sí, tenía hambuguesas (con opción sin gluten) y wraps, pero también ensaladas, bowls, cremas, pastas…Todo con una pinta impresionante. He encontrado el menú en internet, así que aquí os lo dejo.

Sólo os diré que Veggiezz se convirtió, con diferencia, en nuestro restaurante vegano favorito de toda Viena. Tiene la mejor oferta gastronómica. Tenéis que ir aunque sólo sea por comer un Schintzel vegano.

A lo largo de los días repetimos y repetimos, y probamos todo tipo de platos: su vegan schnitzel (una deliciosa versión vegana del típico plato de pollo empanado), ensalada con salsa césar con garbanzos tostados (que estaba impresionante), sweetpotato fries, vegan steack, uno de sus wraps y un plato de pasta, que respecto a éste último os tengo que decir que lo habían cocido tanto que la pasta se deshacía con solo mirarla. Aún así estaba muy buena.

Schnitzel vegano acompañado de patatas de Veggiezz.
Schnitzel vegano acompañado de patatas de Veggiezz.
Ensalada césar con garbanzos tostados, en Veggiezz.
Ensalada césar con garbanzos tostados, en Veggiezz.
Bowl vegano de Quinoa en Veggiezz, Viena.
Bowl vegano de Quinoa en Veggiezz, Viena.

¡Tanto repetimos que me dio tiempo a probar todos los postres de la carta! Lo único en lo que falló con respecto a Swing Kitchen fue en la calidad de sus postres. De hecho, la mousse de chocolate y plátano no tenía nada de mousse, aunque no estaba mal. Su “cheese cream” no sabía en absoluto a queso, pero como postre de limón estaba muy bueno. Sí os recomendaría el brownie (que más que brownie era un bizcocho común, pero estaba muy rico) y su muffin de chocolate. Esos postres estaban bastante mejor.

El cielo estaba encapotándose poco a poco, así que continuamos la ruta con un poco más de brío. Justo al lado del restaurante se encuentra el Mozartdenkmal, otro monumento de mármol dedicado al Austriaco Wolfgang Amadeus Mozart que resulta ser un gran reclamo turístico. Un lugar ajardinado que te da la bienvenida con una enorme clave de sol marcada en el suelo. Y aunque en esta ocasión era un trozo de tierra, tengo entendido que en primavera la clave de sol la conforman flores de colores vivos. Y aquí empieza la que para mi es una de las zonas más bonitas de viena. El cielo empezó a oscurecer, en una mezcla de nubes y atardecer. Seguimos por desde la calle Burgring a la Universitätsring que nos paseó por delante del Museo de Historia Natural de Viena y el Parlamento, todo ello a unos pocos minutos a pie. Ya os decía que pasear por Viena es un regalo.

Mozartdenkmal, Viena.
Mozartdenkmal, Viena.

Al llevar a la altura del Burgtheater me llamó la atención la enorme cantidad de carros de caballos que estaban parados en frente. Es tan triste ver como una ciudad tan avanzada aún sigue arrastrando ese tipo de barbarie. En fin. Giré mi cabeza a la izquierda y vi la Rathausplatz, donde se encuentra el ayuntamiento de Viena. Aún estaba montado el Christkindlmarkt, el mercado Navideño de Viena. Y como no, para allí fui. La lluvia se estaba poniendo intensa, pero la escena era imperdible. Había música, gente disfrutando del ambiente y bastantes parejas patinando sobre hielo. Muchos de los puestecitos del Mercado navideño eran de comida. Ofrecían patatas fritas y hot dogs, entre los cuales había opciones vegetarianas y veganas ¿No es increíble?

Ayuntamiento de Viena.
Ayuntamiento de Viena.

Paseamos a lo largo del pequeño mercado y , justo al terminar de verlo, empezó a llover con tanta fuerza que refugiarse era casi imposible. Llamamos corriendo a un Uber para que nos llevara al apartamento, porque seguir nuestro paseo con la ropa empapada a 1 grado era un suicidio programado.

Muchos de los puestecitos del Mercado navideño eran de comida. Ofrecían patatas fritas y hot dogs, entre los cuales había opciones vegetarianas y veganas.

Cuando dejó de llover, volví a la zona comercial que se encuentra detrás de la ópera. Ese paseo de 30 minutos era un placer para los sentidos, así que no dudé en hacerlo y rehacerlo. Cuando acabé algunas compras que necesitaba hacer, decidí que era hora de volver a reunirnos en el apartamento y buscar cómo aprovechar la noche, pero no sin antes grabaros unos cuantos stories para que pudierais ver la belleza del centro de Viena… Y los que los visteis sabréis lo que os voy a contar ahora.

Cuando estaba grabando algunos pequeños vídeos mostrándoos las calles, me encontré casualmente con una manifestación pro-veganismo. Muchos me dijisteis que se trataba del movimiento Anonymous for de Voiceless, y que ya lo habíais visto por Viena y Berlín, aunque la propaganda que repartían llegaba una inscripción de la web VGT.at. El caso es que era un pequeño grupo de gente que, en círculo, sujetaba carteles en Inglés y Alemán cuestionando el consumo de carne y lácteos. Junto a ellos había una proyección de imágenes reales de matadero, así que no entraré en detalles. Lo que me sorprendió es ver como la gente reaccionaba de manera positiva, se acercaba, preguntaba y buscaba conocer más acerca de una alimentación vegana. Los que no lo visteis en directo…¡Imaginad mi cara! Estaba impresionadísima y con ganas de darles un beso en la frente a todos y cada uno de ellos.

Me encontré casualmente con una manifestación pro-veganismo. Muchos me dijisteis que se trataba del movimiento Anonymous for de Voiceless.

Se me grabó a fuego la imagen de una joven asiática, supongo que turista, que lloraba a lágrima viva mientras observaba la proyección del matadero. Estuve ojeando los panfletos y me regalaron unas cuantas chapas. Me recordó a mis primeros años siendo vegana. Salí de aquella plaza como una niña pequeña a la que le han regalado una bolsa de golosinas. Necesitaba contárselo a todo el mundo. Siempre me ha parecido maravilloso el hecho de que la gente se reúna para hablar de este gran problema es que es la indústria cárnica, y que de repente, paseando por la ciudad, me encuentre con esto… Fue pura magia.

Manifestación pro-veganismo en Viena.
Manifestación pro-veganismo en Viena.

Cerramos ese día con un extra de satisfacción.

Día 3 y 4 en Viena: La gran nevada, el Danubio y la despedida.

Nos despertamos con la idea de hacer una locura, coger un tren e ir a Budapest o Praga, pero la predicción era de grandes nevadas y lluvias intensas, así que pasarnos dos horas y media de Railjet para tener que refugiarnos en otra ciudad era una locura. Finalmente las últimas horas del viaje las reservamos para revisitar algunas zonas y ver los rincones pendientes. Aún teníamos por tachar el Danubio, el Prater, donde se encuentra la gran noria, y las Hundertwasserhaus, unas casas construidas en el ’83 como vivienda social que son conocidas por su extraña forma y colorido. La línea de construcción es poco convencional y por eso el choque estético es brutal.

Al lado de estas construcciones se puede ver el museo Hundertwasser, dónde se exponen obras del artista que le da nombre y un pequeño local de Souvenirs y cafetería. Parece una tontería, pero tomarte algo caliente (a precio de oro) cuando apenas sientes las orejas es un gran punto a favor.

Hundertwasserhaus, Viena.
Panorámica de las Hundertwasserhaus, Viena.

De las Hundertwasserhaus al Prater hay poco más de 1 kilómetro a pie, pero la lluvia y las temperaturas bajo cero hicieron parecer que el trayecto era un poco más largo. Cuando llegamos al Parque de Atracciones Prater, me sorprendió el hecho de que estuviese prácticamente todo cerrado, desértico, menos la noria y un par de tiendas. Es curioso, pero los sábados y domingos Viena cierra muchos sitios de interés, y eso es importante que lo tengáis en cuenta.

Entramos en los jardines del Prater y todo tenía un aspecto bastante industrial. De hecho, según nos acercábamos a la zona más noreste, la ciudad perdía esa característica luminosa, elegante y homogénea que la caracteriza, y adquiria un tono más neutral.

Compramos dos tiquets para subir a la Noria (10€ x persona). La niebla enturbió un poco las vistas, y seguramente de noche serían mucho más atractivas, pero a mi me pareció un momento que hay que vivir si viajas a Viena. Sea como sea, el calor del interior de la cabina se agradeció como no sabéis. Siempre que tengo la oportunidad, subo a la Noria de las ciudades que visito. Te da una perspectiva totalmente diferente.

Noria, Prater, Viena.
Noria, Prater, Viena.

Compramos dos tiquets para subir a la Noria. La niebla enturbió un poco las vistas, y seguramente de noche serían mucho más atractivas, pero a mi me pareció un momento que hay que vivir si viajas a Viena.

Vistas desde la Noria, cuando baja.
Vistas desde la Noria, cuando baja.
En la noria del Prater, tapada como si viniese de Polo Norte.
En la noria del Prater, tapada como si viniese de Polo Norte.

 

Vistas desde la Noria hacia el parque de atracciones de Viena.
Vistas desde la Noria hacia el parque de atracciones de Viena.

 

Vistas desde la Noria hacia el centro de la ciudad.
Vistas desde la Noria hacia las afueras de la ciudad.

 

La lluvia continuó cayendo sobre nosotros durante el resto del mediodía. Durante los 20 minutos de camino hasta el Danubio, nos empapamos y helamos a partes iguales. Las temperaturas parecían bajar por segundos, pero no podíamos dejar de visitar el río que une Europa de este a oeste, estando a solo 1 kilómetro y medio de él.

Para cuando llegamos al Danubio, la lluvia se había convertido en copos de nieve y los 2 grados ya eran -1. Si no hubiese perdido la sensibilidad de manos y orejas, hubiese rezado para quedarme ahí durante el resto de la tarde. Aunque el entorno del río apenas tiene un aspecto natural – más bien industrial-, los rascacielos, el agua en calma, el ambiente frío, los copos de nieve cayendo sobre nosotros y los árboles deshojados de fondo me hicieron sentir libre. Pero el frío me devolvió a la realidad, ropa mojada y temperaturas bajo cero. Así que abandonamos el paseo, cogimos un Uber y nos dirigimos al centro a pasar la tarde, a comer y sobre todo recuperar la temperatura corporal.

Aunque el entorno del río Danubio apenas tiene un aspecto natural – más bien industrial-, los rascacielos, el agua en calma, el ambiente frío, los copos de nieve cayendo sobre nosotros y los árboles deshojados de fondo me hicieron sentir libre.

Panorámica Río Danubio, Viena.
Panorámica Río Danubio, Viena.

El domingo por la noche decidimos que visitar otro restaurante vegano distinto sería una idea interesante, para salir de nuestro círculo vicioso con Veggiezz. El elegido fue Voodies, un pequeño restaurante de Fast Food Vegano que se encuentra también al lado de la ópera. El local: decorado en madera, con paredes grises y blancas y unas lámparas de techo. No tenía mala pinta. Para cenar pedimos el Hot Dog que nos sugirieron (uno hecho a base de nuggets veganos) y una ensalada. Después de tantos días comiendo fuera, mi cuerpo sólo pedía verduras frescas.

Siendo sincera, este es el único restaurante que no os recomendaría. Aunque a priori la comida tenía buena pinta, no me gustó demasiado. Sólo os digo que me costó acabarme la ensalada (la acidez de la ensalada era impresionante, demasiado vinagre combinado con unos tomates secos incomibles) y que la salsa barbacoa que nos pusieron como acompañamiento a las patatas sabía exactamente como cuando te hacen un empaste en el dentista. No sé si fue un mal día en la cocina, pero… No volvería a Voodies. Y menos teniendo Veggiezz enfrente.

Lo que sí puedo decir a su favor, es que es bastante económico, el personal fue muy amable y las raciones de patatas son enormes.

Ensalada vegana en Voodies. ¡No la recomiendo en absoluto!
Ensalada en Voodies y hotdog de nuggets veganos.

Sólo os digo que me costó acabarme la ensalada, y que la salsa barbacoa que nos pusieron como acompañamiento a las patatas sabía como cuando te hacen un empaste en el dentista. No sé si fue un mal día en la cocina, pero… ¡No volvería a Voodies!

La tarde del día siguiente (después de la visita al mercado que os he contado y una despedida a Veggiezz) cerramos el viaje dando un tranquilo paseo por el centro y su zona comercial, escandalizandonos una vez más con los precios de los relojes, bolsos y prendas de ropa que allí vendían. Aprovechamos para hacer las últimas fotos y descubrir los últimos rincones. Así nos encontramos con el Palacio imperial de Hofburg, que alberga el museo de la Emperatriz Sisi y la escuela de Equitación Española (sí, una huella que dejamos en ese país y es para subordinar caballos).

Tristemente, en esa plaza se encontraba el mayor número de carros de caballos de toda Viena.

Palacio Imperial de Hofburg.
Palacio Imperial de Hofburg.

Finalmente, cogimos un Uber que nos llevó de vuelta al aeropuerto.

Viena ha sido una de las ciudades más lúdicas que he visitado, y que sin necesitar grandes bosques y zonas naturales, ha conseguido hacerme sentir pequeña al ver que aún queda mucha historia por conocer. Pasear por Viena es pasear por la historia de Europa a través de grandes figuras de nuestro pasado: músicos y compositores, pintores, arquitectos, obispos y políticos que han sido decisivos para entender el mundo como lo entendemos hoy.

Pasear por Viena es pasear por la historia de Europa a través de grandes figuras de nuestro pasado.

Es una ciudad única e inolvidable. Es imposible adentrarse en ella y no sentirse inspirado. Me voy con la espina clavada de no haber ido a la ópera, pero será una buena excusa para poder volver.

Un resumen de los puntos de interés.

En este mapa os he señalizado los puntos que hemos visitado, o que nos hubiese gustado visitar, para que podáis organizar mejor vuestro viaje. No están todos los museos, ni todos los restaurantes veganos, pero sí los que visitamos. El resto de restaurantes lo podéis ver en Happy Cow.

 

Algunos consejos extra: ¿Qué hacer en Viena 1 semana?

Si vas a estar en la ciudad más de 3 días, hay alguna que otra aventura que puedes hacer. La ciudad como tal se puede ver perfectamente en 3 días si te dedicas a caminar mañana y tarde. Te da tiempo a visitar varios museos, parques, la ópera y las zonas de mayor interés sin problema. Pero si tu viaje es más largo y quieres aprovechar al máximo los días, aquí hay unas cuantas opciones que me hubiese gustado hacer:

  • Viena se encuentra a 1 hora y media de Bratislava (Checoslovaquia), Salzburgo, y entre 2 y 3 horas  de Praga (República Checa) y Budapest (Hungría). Si tienes algún día suelto, puedes hacer alguna visita exprés a alguna de estas ciudades, ya que desde la estación central de Viena (Wien Hauptbahnhof) puedes coger un tren OBB Railjet (lo que sería un AVE en España) que te lleva. Los precios son más o menos 80€ ida y vuelta por persona, aunque varía mucho entre horas y día. También está la opción de alquilar un coche.

  • A las afueras de Viena, más o menos 45 minutos en transporte público y 30 minutos en coche, hay algunas zonas verdes alucinantes. Si tienes varios días, ir a pasear por estos parques puede ser una buena idea para salir de la ciudad y disfrutar del sol (o del frío gélido). Algunos parques cerca de la ciudad de Viena son: Parque Schwarzenbergpark, Parque Pötzleinsdorfer Schlosspark, Schlosspark Laxenburg  y el Föhrenberge Nature Park. Este último está un poco más lejos.

  • Hay un servicio de trayectos en barco a través del río Danubio, que según el tipo de tarifa que cojas tiene una finalidad u otra, unos te llevan a Bratislava, otros simplemente hacen un pequeño paseo que incluye espectáculo y cena, aunque esto último no creo que tenga muchas opciones vegetarianas/veganas. ¡En google tenéis toda la información!
  • Este punto no depende tanto del tiempo que pases en Viena como la temporada en la que vayas. Existe un parque Japonés en plena Viena, el Setagaya Park. Un parque que se creó como intercambio de culturas entre Austria y Japón, y que emula los estanques y elementos típicos de los jardines japoneses (tiene incluso cerezos). Lo malo es que ese parque solo abre de Abril a Octubre, pues cierra los meses de invierno.

  • Si te apetece pensar aún más a lo grande y dispones de coche (3h de trayecto) puedes hacerte una ruta por algunos de los pueblos más impresionantes del oeste de Austria: Altaussee, Hallstatt, Bad Ischl… Te dejan sin palabras solo de verlo en foto, no me puedo imaginar como debe ser en persona.

    Hallstatt, Austria. Fuente: Google Imágenes.

 

   

3 comentarios en Una vegana en Viena, Austria.

  • Dana Vila

    ¡No sabes las ganas que tenía de leer este nuevo post! Hace ya bastante tiempo que te sigo en Instagram, y hará cuestión de una semana los de mi carrera (Historia del Arte) propusieron organizar un viaje a Viena para principios de mayo. Como vegana lo primero que hice fue buscar todos los restaurantes veganos o con opciones y me sorprendió gratamente ver que Viena cuenta con muchísimos. Me ha gustado mucho el post, he tomado nota de aquellas cosas que no me puedo perder y ahora voy tranquila sabiendo que podré probar algunos restaurantes muy interesantes (¡no puedo esperar a probar Veggiezz!) y que no voy a tener que hacer lo imposible para comer bien y vegano. Muchas gracias por todo, este post me ha venido genial y en el momento perfecto. ¡Un besito!

    • Jenny (author)

      ¡Cuánto me alegro Dana! 🙂 Esperi que disfrutes muchísimo de vuestro viaje. Habiendo acabado la carrera de historia del arte creo que esa ciudad va a ser un paraíso cultural para ti. ¡Abrazos enormes!

  • b

    jo
    No soy vegana pero últimamente me estoy concienciado bastante y me ha encantado ver que hay otra Viena.
    Gracias

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